Número 1 | Septiembre 2017


Argumento

¿Qué quieren los hombres? La pregunta abre un sinfín de posibles respuestas. Podríamos decir que habría tantas respuestas como hombres existen en el mundo. ¡Misión Imposible!

¿Cómo pensar entonces esta pregunta de manera tal que nos permita arribar a algunas respuestas posibles? Lo que quieren los hombres exige aún abrir la cuestión por lo que constituiría el ser del hombre. ¿Qué es ser un hombre?

La interrogación acerca de qué es ser un hombre, más aún un hombre de veras, "un hombre de verdad", ha consumido caudales de tinta, horas de conversaciones y debates, ha producido sistemas educativos a la medida, mitos, costumbres, tendencias, estereotipos, orientaciones, dificultades y diversas construcciones teóricas más o menos explícitas desde distintas disciplinas y abordajes, desde los más sofisticados y académicos hasta los más domésticos y caseros.

"Vivir como un hombre"; "actuar como un hombre"; incluso "morir como un hombre", conforman el esqueleto sobre el que se monta una serie de valores y actitudes que atraviesan la historia misma de la humanidad, coloreándose con los tonos de cada época. La nuestra, marcada entre otras cosas por una creciente tendencia a la igualdad y el acceso de las mujeres a lugares y posiciones que eran privilegios clásicamente masculinos, de hombres, destila numerosas inclinaciones a pensarse como la época en que podrían modificarse de manera inédita las representaciones de lo masculino. Nada de esto sin consecuencias. O, mejor dicho, todo esto con consecuencias. Porque es justamente de este "todo" de lo que se trata en la pregunta por lo que quiere, es, o tiene un hombre.

En términos psicoanalíticos, el universal es masculino. Freud lo anticipó con su tesis de que el falo vale para todos, aún de maneras diversas. Desde la sutileza clínica de escuchar a Juanito adjudicar a todos un pene, Freud pudo establecer el universal masculino que más adelante Lacan escribiría en sus célebres -y no siempre fáciles de comprender- fórmulas de la sexuación. De un lado, la lógica del todo y su necesaria excepción: al menos uno no está castrado. Existe al menos uno para quien el predicado fálico no funciona. Es la excepción que confirma la regla y permite cerrar el conjunto que a partir de aquí puede funcionar como un "nosotros" con el cual identificarse. Del otro lado, la lógica del no-todo fálico que no hace conjunto; lo femenino y su serie haciendo objeción al universal fálico.

La castración que ocupa un lugar central en la conformación de este universal, bascula entre la madre castrada, la muerte como paradigma de lo que se extrae -el soplo vital-, el padre como agente de tal
castración, la mujer como encarnación misma de la castración. Así, la fórmula "el Otro quiere mi castración" puede sintetizar muy bien el núcleo alrededor del cual se constituyen los fantasmas, de los cuales la neurosis hace su llave de acceso al mundo. Con los fantasmas, entonces, estamos -todos- del lado masculino. Pero los hombres portan sus fantasmas en su calidad de "propietarios" señala Lacan, y por ello muestran una dimensión ejemplar y grávida en repercusiones. De manera reducida, podríamos decir que la castración se desdobla en miedo al padre y a las mujeres -rechazo de lo femenino que ellas portan-, bajo los ropajes con que cada historia se viste. Este modo de pensar la castración estaría también en el fundamento de la división del deseo masculino.

Sin embargo, tanto los alcances y la noción del padre como de las mujeres se han visto conmovidas en nuestra época y por ello estas construcciones subjetivas presentan actualmente sensibles variaciones. La prosecución de la igualdad en su declinación unisex muestra de modo cada vez más patente -y a veces patético- el agujero estructural de lo que Lacan llamó "no hay relación sexual". No hay relación posible -lógica- entre equivalentes. Si la equivalencia encuentra un punto de fracaso, un síntoma es posible del lado masculino gestando las condiciones de acceso a las relaciones sexuales, al lazo amoroso, a la comedia de los sexos, a una sexualidad fálica fantasmática sostenida desde la castración. Pero si este punto de fracaso fecundo en la equivalencia no se produce, el síntoma masculino -aquel que permite asumir una posición sexual masculina-, corre el riesgo de no poder conformarse afectando a los hombres, pero también a las mujeres que no encuentran el apoyo sintomático del cual poder servirse en su propio anudamiento.

¿Cuál sería la forma de la sexualidad, el amor, el deseo y el goce en estas subjetividades constituidas de un modo diferente al propuesto por el Edipo? ¿Cómo se las arreglan las subjetividades más tradicionales, edípicas, con los cambios circundantes? ¿Cómo pensar lo masculino en la era de los hombres que se interesan cada vez más en lo que les interesa a las mujeres? ¿Cómo pensar la paternidad y la función paterna en esta época? ¿Cómo se inventa -o reinventa- un hombre a sí mismo? ¿Puede el psicoanálisis aportar luz sobre esta cuestión? ¿Podremos adentrarnos en el misterio de qué quieren los hombres? Nuestra Jornada apuesta por ello, convocando a psicoanalistas y a otros portavoces de distintas perspectivas a pensar, a trabajar, a conversar. Porque efectivamente, qué quieren los hombres es un asunto de todxs.

Nueva Escuela Lacaniana Ciudad de México | (55) 7028 4439
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