Número 6 | Octubre 2017


I. Editorial.

En este Boletín compartimos una primera selección de citas, la intención ha sido dar un panorama del lugar que ocupan los hombres en la obra de Freud. Una lectura apresurada haría suponer que dicha temática se encuentra resuelta en términos freudianos; sin embargo, se puede verificar que el primado del falo representa un problema a encarar para todos los seres hablantes, que no basta con tenerlo, sino que es necesario apropiárselo para poder hacer uso de él.

El criterio para esta selección de las citas tuvo como propósito mostrar los puntos de detención, inflexión, y en los que los distintos argumentos ensayados por Freud -la bisexualidad constitucional, la bipartición actividad/pasividad, etc-, se muestran insuficientes, pero en los que, pese a todo, el autor no se detiene y nos muestra en cambio que al señalar el obstáculo, también se renueva la interrogación.

Contamos asimismo con la contribución nuestro colega Carlos Varela Nájera, quien en consonancia con el Eje II de nuestras Jornadas, ensaya una respuesta posible a la pregunta ¿Qué quieren los hombres?, evocando la figura bíblica de Lot: un hombre que intenta erigirse como tal en una tierra en la que no quedaba ninguno.

Comisión Editorial del Boletín

 

II. Referencias Freudianas.
Por Edgar Vázquez.

Citas extraídas de la 2ª Edición de las Obras Completas de Sigmund Freud, ordenamiento comentarios y notas de James Strachey, traducidas del alemán por Etcheverri y Wolfson, Editorial Amorrortu, Buenos Aires.

1. ...la nueva meta sexual asigna a los dos sexos funciones muy diferentes, su desarrollo sexual se separa mucho en lo sucesivo. El del hombre es más consecuente, y también el más accesible a nuestra comprensión, mientras que en la mujer se presenta una suerte de involución. La normalidad de la vida sexual es garantizada únicamente por la exacta coincidencia de las dos corrientes dirigidas al objeto y a la meta sexuales: la tierna y la sensual.

Tres ensayos de teoría sexual, Tomo VII, p. 189.

2. Si se toma el concepto de la impotencia en un sentido más lato, sin limitarlo a la acción del coito no obstante el previo propósito de obtener placer y la posesión de un aparato genital intacto, se nos presentan en primer lugar todos esos hombres a quienes se designa como "psicanestésicos": la acción misma no se les deniega, pero la consuman sin una particular ganancia de placer -hechos estos más frecuentes de lo que se creería-.

Sobre la más generalizada de gradación de la vida amorosa (Contribuciones a la psicología del amor, II), Tomo XI, p. 178.

3. ...en todos esos precepto de evitación se exterioriza un horror básico a la mujer. Acaso se funde en que ella es diferente del varón, parece eternamente incomprensible y misteriosa, ajena y por eso hostil. El varón teme ser debilitado por la mujer, contagiarse de su feminidad y mostrarse luego incompetente. Acaso el efecto adormecedor del coito, resolutorio de tensiones, sea arquetípico respeto de tales temores, y la percepción de la influencia que la mujer consigue sobre el hombre mediante el comercio sexual, la elevada consideración que así obtiene, quizás explique la difusión de esa angustia.

El tabú de la virginidad (Contribuciones a la psicología del amor, III), Tomo XI, p. 194.

4. El pleno amor de objeto según el tipo del apuntalamiento es en verdad característico del hombre. Exhibe esa llamativa sobrestimación sexual que sin duda proviene del narcisismo originario del niño y, así, corresponde a la trasferencia de ese narcisismo sobre el objeto original.

Introducción del narcisismo, Tomo XIV, p. 85.

5. ...buena parte de la insatisfacción del hombre enamorado, la duda sobre el amor de la mujer, el lamentarse por los enigmas de su naturaleza, tienen su raíz en esta incongruencia [entre los dos tipos] de la elección de objeto.

Introducción del narcisismo, Tomo XIV, p. 86.

6. La moral sexual "doble", válida para el varón en nuestra sociedad, es la mejor confesión de que la propia sociedad que ha promulgado los preceptos no los cree viables.

La moral sexual "cultural" y la nerviosidad moderna, Tomo IX, p. 174.

7. El "ser-azotado" de la fantasía masculina, como la llamaré en aras de brevedad y espero que sin dar lugar a malentendidos, es también un "ser amado" en sentido genuino, pero al cual se degrada por vía de regresión. Por ende, la fantasía masculina inconciente no rezaba en su origen "Yo soy azotado por el padre", según supusimos de manera provisional, sino más bien "Yo soy amado por el padre.

"Pegan a un niño", Tomo XVII, pp. 194-95.

8. Una de las reacciones al asesinato del padre fue, en efecto, la institución de la exogamia totémica, la prohibición de toda relación sexual con las mujeres de la familia, amadas con ternura desde la infancia. Así se introdujo la cuña entre las mociones tiernas y sensuales del varón, cuña enclavada todavía hoy en su vida amorosa. A consecuencia de esta exogamia, las necesidades sensuales de los varones tuvieron que contentarse con mujeres extrañas y no amadas.

Psicología de las masas y análisis del yo, Tomo XVIII, pp. 133-34.

9. ...el amor homosexual es mucho más compatible con las formaciones de masa, aun donde se presenta como aspiración sexual no inhibida; hecho asombroso, cuyo esclarecimiento nos llevaría lejos.

Psicología de las masas y análisis del yo, Tomo XVIII , p. 134.

10. ...la masculinidad y feminidad puras siguen siendo construcciones teóricas de contenido incierto.

Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica de los sexos, Tomo XIX, p. 276.

11. La sexualidad es un hecho biológico que, aunque de extraordinaria significación para la vida, es difícil de asir psicológicamente [...] Para la psicología la oposición sexual se atempera, convirtiéndose en la que media entre actividad y pasividad; y demasiado apresuradamente hacemos coincidir la actividad con lo masculino y la pasividad con lo femenino.

El malestar en la cultura, Tomo XXI, p. 103, nota 5

12. En el varón, sin duda, resta como secuela del complejo de castración cierto grado de menosprecio por la mujer cuya castración se ha conocido. A partir de este menosprecio se desarrolla en el caso extremo, una inhibición de la elección de objeto y, si colaboran factores orgánicos, una homosexualidad exclusiva.

Sobre la sexualidad femenina, Tomo XXI, p. 231

13. En el varón, la aspiración de masculinidad aparece desde el comienzo mismo y es por entero acorde con el yo; la actitud pasiva, puesto que presupone la castración, es enérgicamente reprimida, y muchas veces sólo unas sobrecompensaciones excesivas señalan su presencia [...] lo que en ambos casos cae bajo la represión es lo propio del sexo contrario.

Análisis terminable e interminable, Tomo XXIII, p. 252

 

III. Contribución.

El hombre aún.
Por Carlos Varela Nájera.

"Los hombres, las mujeres y los niños no son más que significantes" decía Lacan en 1973, (…) una elección por la contingencia del goce, goce que no surge jamás por primera vez más que por efracción dejándoles una marca destinada a repetirse" (Miller, 2013, p. 71).

Hay hombres, parece que sí, aún contra todos los pronósticos, hay al menos unos, en plural, pero ellos viven acosados siempre por los goces del Otro, donde incluso se le quisiera medir con el goce femenino, ¿podrá sobrevivir éste ante la avalancha de los goces? Para preguntarse ¿qué quieren los hombres? interrogación de la NEL CDMX en sus II Jornadas, cabría antes la pregunta ¿qué es un hombre? si hay al menos uno, es la pregunta que en su momento también Lot (personaje del Antiguo Testamento) intenta sostener, adelantándose a los psicoanalistas de la Orientación Lacaniana, al convencer a los Ángeles para que no destruyeran Sodoma y Gomorra, ya que estos Ángeles querían medir con sus espadas de goce, lo femenino del goce hombre, Lot intenta salvar lo poco de hombre que quedaba en esa época en sus ciudades, y les ofrece certidumbre de que hay uno que es hombre, y este uno salvará a la población de la presunta aniquilación, pero no hubo un hombre… al menos calado (probado).
En la vida cotidiana y desde el sentido común un hombre es lo que puede ser: un padre, con todas las limitaciones que esto implique, aún más por la caída de los semblantes paternos, ya que en el argot popular "madre solo hay una", será porque el padre se multiplica en la ley que lo encarna y esto hace del padre un significante más escurridizo, es decir al padre no se le encuentra ahí donde se busca pensando la deflación fálica, o bien, el falo ya es insuficiente para significarlo porque la mujer se lo disputa, bajo el supuesto… "soy madre y padre a la vez", este imperativo social describe al hombre con un significante que cada vez le abona menos.

Para algunas mujeres ya no hay hombres, suponiendo que esta demanda dirigida a esos "hombres" puede ser una exigencia infantil, pero eso no lo agota; o bien, un llamado al padre que ya no está ahí para auxiliarla, ni mucho menos para acartonar sus goces, lanzando este goce al desvarío, desvariosgoces sería su impronta neológica. Otras mujeres requieren un hombre menos hombre, mas feminizado, o para otras sería el ideal un hombre con rasgos varoniles, en cada uno de ellos son goces que se encarnan en modos distintos de satisfacción, de tal suerte que no hay un hombre que encarne el ideal de goce, ya que frente a la exigencia de las mujeres lo hombre queda encarcelado en sus goces distintos. Algunos hombres pueden sentirse seguros si se inventan prótesis machistas, que por lo menos imaginariamente escapen al acoso de sus fantasías femeninas, pero nada garantiza al hombre no dejar de gozar como otra.

Algunas veces, el semblante hombre no nos alcanza para ser hombres, menos cuando nos medimos con el hombre sin ambages del siglo XIX y XX, la función hombre implica una apuesta de la posición subjetiva sobre algunos semblantes que como significantes se pegan al cuerpo de este hombrecito. Algunas mujeres gustan de hombres femeninos, otros se asumen metrosexuales, más del lado homosexual, cada modalidad de inscripción tiene que ver con formas muy especificas de goce, donde incluso el hombre no sería más que otra forma específica de gozar del partenaire.

Biliografia
Miller, J.-A. y Lévy, B.H (2013) El matrimonio y los psicoanalistas, Buenos Aires: Grama.

Nueva Escuela Lacaniana Ciudad de México | (55) 7028 4439
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