Número 10 | Octubre 2017


Referencias bibliográficas de J. Lacan

Selección de Juan Citlatémoc Gómez

El criterio de selección se da en buscar una cierta articulación entre "el querer del hombre" y "el deseo del hombre" a partir de encontrar que el aforismo: "El deseo del hombre es el deseo del Otro" aparece mencionado en dieciocho ocasiones dentro el Seminario 1, pasando luego con algunas variantes en los seminarios 6, 7, 9, 10, 11, 12, 16, 17, 20 y hasta el Seminario 21. Esta nota bibliográfica busca su pertinencia en dicha repetición.

Citas extraídas de la Edición de El Seminario de Jacques Lacan, texto establecido por Jacques-Alain Miller, Editorial Paidós. Argentina, excepto donde se indica (*). Los destacados nos pertenecen.

1. […] ya que usted fue quien tuvo la amabilidad de acosarme hoy, no veo por qué no comenzar recordando el tema hegeliano fundamental: el deseo del hombre es el deseo del otro

Es esto lo expresado en el modelo del espejo plano. Volvemos a encontrar también aquí el clásico estadio del espejo de Jacques Lacan, ese momento de viraje que aparece en el desarrollo cuando el individuo hace de su propia imagen en el espejo, de él mismo, un ejercicio triunfante. Por ciertas correlaciones de su comportamiento podemos entender que se trata aquí, por vez primera, de una captación anticipada del dominio…

El sujeto localiza y reconoce originariamente el deseo por intermedio no sólo de su propia imagen, sino del cuerpo de su semejante. Exactamente en ese momento, se aísla en el ser humano la conciencia en tanto que conciencia de sí. Porque reconoce su deseo en el cuerpo del otro el intercambio se efectúa. Es porque su deseo ha pasado del otro lado que él se asimila al cuerpo del otro, y se reconoce como cuerpo.

Seminario 1, Los escritos técnicos de Freud, La tópica de lo imaginario, Clase 12; Zeitlich-Entwickelungsgeschichte, pp. 222, 223.

2. […] La primera alienación del deseo está ligada a este fenómeno concreto.

La primera noción de la totalidad del cuerpo como algo inefable, vivido; el primer impulso del apetito y del deseo pasa, para el sujeto humano, por la mediación de una forma que primero ve proyectada, exterior a él, y esto, en primer lugar, en su propio reflejo.

Segundo punto. El hombre sabe que es un cuerpo, aunque nunca lo perciba en forma completa, ya que se encuentra en su interior, sin embargo, lo sabe. Esta imagen es el anillo, el gollete, por el cual el haz confuso del deseo y las necesidades habrá de pasar para que pueda ser él, es decir, para acceder a su estructura imaginaria.

La fórmula el deseo del hombre es el deseo del otro, como toda fórmula debe ser utilizada en su justo lugar. No es válida en un sentido único. Vale en el plano del que hemos partido: el de la captación imaginaria. Pero, como señalé al final de la última sesión, no se limita a él. Si así fuera, lo demostré en forma mítica, no habría, fuera de esa mutua y radical intolerancia a la coexistencia de las conciencias, como se expresa Hegel, ninguna otra relación interhumana posible: cualquier otro será esencialmente aquel que frustra al ser humano, no sólo en su objeto, sino en la forma misma de su deseo.

Seminario 1, Los escritos técnicos de Freud La tópica de lo imaginario, Clase 14; Las fluctuaciones de la libido, p. 262

3. […] Muchos de ustedes asistieron anoche al relato clínico de uno de nuestros camaradas, y excelente psicoanalista, sobre el tema del obsesivo.

Lo han escuchado hablar a propósito del deseo y de la demanda. Si aquí buscamos poner de relieve el problema de la estructura del deseo y de la demanda, se debe a que esa distinción no es sólo teórica, sino que está ligada a lo esencial de nuestra práctica y se aplica de inmediato a la clínica, la vivifica, la torna - diré- comprensible.

Diré casi que es un signo el hecho de que, al haberla manejado demasiado en el nivel de la comprensión, ustedes puedan experimentar no sé qué sensación de insuficiencia. Lo cierto es que el nivel de la comprensión está lejos de agotar los resortes de la estructura que intentamos penetrar - porque intentamos actuar sobre ella. La distinción entre la demanda y el deseo clarifica de inmediato la demanda. Como contrapartida, sitúa bien el deseo del hombre en su lugar, es decir, en su punto estrictamente enigmático.

La clave de todo esto es la relación del sujeto con el significante. Lo que caracteriza a la demanda no es sólo ser una relación de un sujeto con otro sujeto, sino que esa relación tiene lugar por medio del lenguaje, es decir, por medio del sistema de los significantes. Según fue anunciado, encaramos ahora la cuestión de qué es el deseo en la medida en que éste es el fundamento del sueño. No es simple saber cuál es el deseo cuando es el motor del sueño. Como mínimo, ustedes saben que es doble.

Seminario 6, El deseo y su interpretación, Del deseo en el sueño, Capitulo 3, El sueño del padre muerto "Él no sabía que estaba muerto", p. 56

4. […] Ahora bien, ese trazado nos ayudará a seguir el movimiento mismo propio del deseo de Hamlet, ateniéndonos a la escena de la alcoba, en la que el hijo está ante su madre. ¿Qué podemos articular a este respecto? En primer lugar, que no hay momento en que la fórmula el deseo del hombre es el deseo del Otro sea más perceptible, manifiesta, o sea, consumada de una manera más completa, de una manera que justamente anule más al sujeto. En otros términos, el sujeto no se dirige al Otro con su propia voluntad, sino con aquella cuyo soporte y representante es en ese momento, a saber, la del padre, y también la del orden, y también la del pudor, y de la decencia. Estos términos no están aquí de adorno, dado que ya hice intervenir el demonio del pudor y ustedes verán qué lugar tendrá en lo que sigue. En el primer momento, el sujeto sostiene ante la madre un discurso que va más allá de ella misma como Otro, pero para luego recaer y retornar al nivel estricto de ese Otro ante el cual no pueda más que prosternarse.

Si Hamlet es el drama del deseo, ¿qué es el drama del deseo? Lo hemos visto a lo largo de toda esta escena: es el drama de que haya un objeto digno y un objeto indigno: ¡Señora, un poco de compostura, se lo ruego, hay por cierto una diferencia entre este dios y esta basura! De eso se trata.

Seminario 6, El deseo y su interpretación, Siete clases sobre Hamlet, Capitulo 15, El deseo de la madre, p. 317.

5. […] Escribo eso, y no escribo después terminado, ni amén, ni así sea.

El amor ciertamente, hace señas, y es siempre recíproco. Digo esto desde hace tiempo, muy bajito, al decir que los sentimientos son siempre recíprocos. Era para que me lo devolvieran:-Y entonces, entonces, el amor, ¿el amor es siempre recíproco? -¡Pues claro, claro que sí! Por eso hasta inventaron el inconsciente para percatarse de que el deseo del hombre es el deseo del Otro, y que el amor, aunque se trate de una pasión que puede ser la ignorancia del deseo, no por ello es capaz de privarlo de su alcance. Cuando se mira de cerca, se pueden ver sus estragos. El goce -el goce del cuerpo del Otro- sigue siendo pregunta, porque la respuesta que pudiera constituir no es necesaria y todavía hay más. No es tampoco una respuesta suficiente, porque el amor pide amor. Lo pide sin cesar. Lo pide ... aún. Aún es el nombre propio de esa falla de donde en el Otro parte la demanda de amor.

Seminario 20, Aún, Capitulo 1, Del Goce, p. 12.

6. […] Es muy importante esta dimensión del saber, y también advertir que no es el deseo quien preside el saber, sino el horror.

Sí. Me dirán ustedes que hay personas que trabajan y que trabajan para obtener una cátedra. Pero, ustedes comprenden, esto no tiene nada que ver con el deseo de saber, se trata de un deseo que, como siempre, es el deseo del Otro, y ya he explicado que basta que el Otro desee para que por cierto se caiga bajo su efecto; el deseo del hombre es el deseo del Otro, pero el circuito es más o menos complicado: hay el deseo del otro que se comunica al mismo nivel, porque el sujeto nada ya en el otro.

(*) Seminario 21, Los no incautos yerran o Los nombres del padre, Clase del 9 de abril

 

¿Qué quieren los hombres?

Por Eduardo Barboza Álvarez

Una pregunta que se daba por supuesta respuesta obvia, pero a la vez es genial que exista, y mejor aún que cause a las segundas jornadas de la NEL CDMX.

¿Y qué queremos los hombres? no, la respuesta no es solo coger, como existe en el supuesto cultural, tampoco es solo responder la pregunta qué es ser padre, mucho menos es solo saber cuándo va a morir el amo, en qué momento el significante fálico no alcanza, esos son solo supuestos, ya que a partir de Lacan el significante implica que no hay nunca para el hablanteser una significación completa para poder significarlo todo, en cualquier dicho siempre hay algo que escapa a la significación, esto imposibilita poder llegar a una única respuesta.

La pregunta ¿qué quieren los hombres? va más allá de eso, debemos considerar las vías y los objetos de deseo. En el descubrimiento de Lacan; el objeto a, veamos cómo utilizarlo, pensándolo desde Freud, por un lado encontramos la idea de la experiencia de satisfacción, en la que se trata de reencontrar un objeto que por definición es inhallable y por el otro lado la cuestión de la falta, de la castración materna, a partir de lo cual se puede pensar lo que ya faltaba como el falo faltante en la madre.

La barra en el algoritmo $ esa simple barra, rompe la unidad del signo dando como resultado que un resto escape a la significación ¿qué quieren los hombres? aún no lo sabemos, pero avanzamos.

Por ésta razón es que el Otro está barrado Ⱥ que es lo mismo que decir que siempre le falta un significante, esta barra es la misma que divide al sujeto $ como deseante. A partir del descubrimiento de la castración de la madre, el falo se convierte en la barra misma del algoritmo, dicho de otra manera, en la razón del deseo ¿qué quieren los hombres? habremos de escuchar a cada uno, pero continuemos.

Ya que hablamos de deseo es necesario darle atención a la demanda y la necesidad, pues la diferencia entre la demanda y la necesidad da como resultado el deseo que tiene su causa en el objeto a, darle a este objeto su lugar, la causa, la causa perdida, tanto del señuelo como del deseo. Tanto el demandante como el demandado, el sujeto $ como el Otro Ⱥ, por sujeción se encuentran confrontados con la falta, el primero por lo que pierde al hacer pasar su necesidad por el desfiladero del significante y el segundo porque más allá de la demanda, tendría que responder al deseo, debido a que el demandante apela a que el Otro siempre este, eso que aparece como incondicional, que el Otro siempre este, es un pedido de amor, la condición absoluta, la ley del deseo.

El amor aparecería ligado al narcisismo y encubriendo la falta, por lo cual el Otro tendría que dar lo que no tiene, avancemos un poco más recordando la formula de Lacan "amar es dar lo que no se tiene a quien no es" (4, pp. 44) podríamos acercar la respuesta a la pregunta acerca de los hombres, pero ¿cómo? Escuchando caso por caso, ya que lo que cada uno demanda referirá a otra cosa, estemos atentos ya qué el amor es algo muy presente en esa pregunta, abro una pregunta nueva ¿qué le duele a ese hombre que escuchamos en sesión?

Estamos hablando en el campo de la sujeción del sujeto al significante, solo se puede plantear al sujeto en el campo del deseo, en el campo de la falta, precipitado por el encuentro con el lenguaje.

Del lado del sujeto, la pérdida del objeto es solidaría con su definición como sujeto deseante, en tanto la pérdida es efecto de significante, esto produce al sujeto. ¿Qué quieren los hombres? escuchemos.

Bibliografía

  1. Lacan, J. 'La significación del falo' en Escritos I, Siglo XXI, México, 2010
  2. Lacan, J. Seminario 10, La Angustia, Paidós, Bs As, 2006
  3. Lacan, J. Seminario 20, Aún, Paidós, Bs As, 2009.
  4. Marchilli, A, et.al. Una introducción a Lacan, Lugar Editorial, Bs As, 2014
Nueva Escuela Lacaniana Ciudad de México | (55) 7028 4439
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