Número 11 | Octubre 2017


En este número les presentamos el tema del quinto eje de trabajo y también incluimos una contribución de Aldo Ávila que se inscribe dentro del eje Ser hombre - ser macho

 

Eje 5 Elección de objeto; elección sexuada

Por Fernando Eseverri

Jacques-Alain Miller cuenta en una carta abierta a Peter Hallward que, cuando era estudiante, Roland Barthes se enamoró de él, y que su maestro se decepcionó cuando le dijo que le gustaban las chicas. ¿Desde cuándo eres así Jacques-Alain?, le preguntó.

La pregunta insinúa que la orientación sexual no es algo fijo, sino más bien algo que está abierto al cambio y a la contingencia, y que, posiblemente supone una elección de la cual no podemos estar absolutamente seguros.

Ese es precisamente el punto de vista que adopta el psicoanálisis respecto de la sexualidad. De acuerdo con Freud "todo ser humano, por efecto conjugado de sus disposiciones innatas y de los influjos que recibe en su infancia, adquiere una especificidad determinada para el ejercicio de su vida amorosa, o sea, para las condiciones de amor que establecerá y las pulsiones que satisfará, así como para las metas que habrá de fijarse"[1]

Es decir que, el programa de nuestra vida sexual es producto tanto de nuestra constitución como del azar. Y, sin embargo, nuestras metas sexuales se nos presentan como si fueran el producto de una elección. En efecto, si la sexualidad fuera algo completamente determinado y fatal, el psicoanálisis no tendría ninguna razón de ser. Pero como en realidad nadie cree que su vida amorosa sea resultado de un automatismo ciego, queda abierta la posibilidad de preguntarnos qué queremos.

Aparte de la elección de objeto, está la cuestión de cómo se llega a ser hombre o mujer ¿qué hace que una mujer sea una mujer? ¿qué hace que un hombre sea un hombre? Freud pensaba que las identificaciones edípicas determinaban la posición del sujeto respecto de la masculinidad y la feminidad. Por su parte, Lacan utilizó el término sexuación para referirse a la asunción por parte del sujeto de una posición sexuada: vivirse como hombre o como mujer. Pero ¿qué quiere decir esto? y ¿cómo ir más allá de los nombres que siempre resultan más o menos arbitrarios?

Lacan construyó una respuesta que toma como punto de partida los efectos que el lenguaje tiene sobre el goce de los seres hablantes. Esta perspectiva ubica dos posiciones posibles: la posición masculina en la cual el sujeto se inscribe del lado del goce fálico, y la posición femenina en la que el sujeto mantiene un goce suplementario, un goce más allá del falo.

Para el psicoanálisis, tanto la elección de objeto como la sexuación dependen de la toma de posición del sujeto frente a lo que la sexualidad tiene de azaroso y de traumático. ¿qué consecuencias tiene pensar esto como una elección inconsciente? ¿Por qué habría de preferirse este punto de vista sobre otros? En nuestras II Jornadas queremos abrir estas y otras preguntas. Hacerlas un asunto de todxs

[1] Freud, S. (1912) "Sobre la más generalizada degradación de la vida amorosa".

En Obras Completas. Amorrortu. Tomo XI. Bs. As.

Carta abierta de JAM a Peter Hallward

 

Ser Hombre/Ser Macho

Por Aldo Ávila

El atributo del ser, finalmente, pero cuando éste viene signado con el tener mismo. Ser macho o ser hembra no resulta lo mismo. Tener para poder ser "Hombre" o por lo menos "Macho", sabemos que implica un empobrecimiento del goce, en la medida en que éste está afectado imaginariamente por el miedo a perderlo, el margen de maniobra queda restringido por el temor a perderlo, "angustia de castración", dijo Freud.

Siguiendo Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica, los hombres podemos erotizar el órgano pene, convirtiéndolo en un partenaire, un inevitable compañero que puede abonar perfectamente a la división subjetiva del individuo, para bien o para mal. Además si hablamos del ser, podemos afirmar que sirve muy bien para encarnar a Otro que le demanda, que lo reconoce o no, que le responde o no. Ya la detumescencia fálica se impone como un amo que empuja a la identificación con la impotencia imaginaria o simbólica, ahora dentro de una civilización que lo acoge y consiente diciéndole: "No es para el que no puede, sino para el que quiere más". Mandato de goce contemporáneo, que interviene o se suma al de "Ser Hombre/Ser Macho", haciendo de la erección infalible el semblante de la virilidad práctica. Los turcos de los que hablaba Freud en Psicopatología de la vida cotidiana, a propósito del 'El olvido de nombres propios', serían unos probables consumidores de las pastillas azules y equivalentes, para no morir frente a la propia detumescencia, por vergüenza , justamente del no poder ser "Hombres", diríamos nosotros tal vez, que era una posición de "Macho" aquella.

Entonces, en cierto punto podemos afirmar que si bien el problema no se quedaría solamente en la posibilidad de sostener una erección o de la potencia sexual, asunto no exclusivamente de hombres dado que las mujeres también tienen comprometido su goce en esto, para bien o para mal, a su manera. El problema va más allá, tal como se intenta problematizar en las próximas jornadas de la NEL-CDMX ¿Qué quieren los hombres?, no solamente quieren tener potencia sexual, sino económica y social por ejemplo. Freud decía que se trataba del reconocimiento de los otros hombres, el dinero, la fama y el favor de las mujeres. ¿Pero que en el siglo XXI no se sostenga como privilegio de los hombres estos deseos, hace que los hombres vacilen en ellos, cedan ante esos deseos? Es decir, que como es algo que ya no los representa en el Otro con exclusividad, hace que pierdan su identidad o más bien que la compartan con las mujeres, por ejemplo. Se permite que las mujeres porten los semblantes de deseo que antes solamente correspondía a los hombres. Podríamos imaginar que el ser hombre en la actualidad pasa por una "inevitable" generosidad, al compartir estos semblantes con el otro sexo: "No todo él {el semblante} para los hombres", dándole la bienvenida clara al ejercicio de la masculinidad propia de la histeria por ejemplo.

Sin embargo, me parece que en el fondo el asunto de la relación con la propia erección o detumescencia, sigue siendo un asunto privilegiado de los hombres o los machos, por lo menos. Algo que los sigue distinguiendo de las mujeres, a pesar de los esfuerzos tecnológicos y científicos de querer borrar a como dé lugar la diferencia sexual entre los sexos; a pesar de los esfuerzos ideológicos por entregar insignias fálicas al estilo capitalista contemporáneo. El "Todos somos iguales, porque somos diferentes" del movimiento zapatista, no alcanza a borrar la problemática de la diferencia sexual en el "Ser".

Referencias:

  • FREUD, S. (1925) 'Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia anatómica entre los sexos', en Obras completas, 2° Ed. Vol. XIX, Amorrortu, Buenos Aires, 2006, pp. 259-276.
  • FREUD, S. (1901) El olvido de nombres propios, 'Psicopatologia de la vida cotidiana', en Obras completas, 2° Ed. Vol. VI, Amorrortu, Buenos Aires, 2006, pp. 9-15.
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