Número 12 | Octubre 2017

Eje 6 Hombres-mujeres: ¿un muro entre los sexos?

Por Ana Viganó

"Entre el hombre y el amor, hay la mujer
Entre el hombre y la mujer, hay un mundo
Entre el hombre y el mundo, hay un muro"[1]

¿Pero es que nos volvimos trumpeanos y hablamos de muros? Hoy en día que los muros se han puesto de moda tanto como las insistentes batallas por derribarlos, ¿qué osadía pretendemos llevar adelante al proponernos pensar si hay un muro entre los sexos?

Distintos modos de gozar

El psicoanálisis nos enseña que cada uno con su síntoma forma pareja, hace lazo con un goce que es fundamentalmente solitario pero que puede inscribirse en algún tipo de relación con un partenaire. La forma que toma este partenaire para los dos sexos es completamente diferente.[2]

Por el lado del hombre, el partenaire es limitado, circunscrito; si hay pareja del lado del hombre es ante todo la que arma con su pene o con aquella parte de su cuerpo que asume sobre sí la concentración localizada de goce -que llamamos fálico-. Luego, tanto la soledad del goce como la posibilidad del lazo con otro/s se articula de distintas maneras a esta pareja autoerótica. Uno de sus modos es el recorte, localizado también, del objeto al que se dirige: el pedazo de cuerpo del otro que puede hacerle signo de interés: un trasero, unas piernas, una sonrisa, una arruga… Lo que llamamos "condición fetichista" y vemos de algún modo generalizarse en la erótica actual atravesada por el empuje a la igualdad. Esta modalidad masculina del goce es proclive a formar series puesto que su modo de gozar exige que su pareja responda a ese modelo; es también propensa a la contabilidad y puede incluso prescindir del consentimiento al amor para encontrar su satisfacción. En tal sentido, el goce masculino puede ser sostenido por el silencio -bien sabemos cuántos "en visto" de WhatsApp marcan el silencio-de-chat de los hombres!-

El partenaire sintomático de la mujer, en cambio, supone una abertura ilimitada, no está localizado y responde a la lógica de la infinitud. Ellas no quieren ser una más en la serie sino ser tenidas en cuenta una por una, lo que exige una palabra del otro que las distinga y detenga allí su contabilidad. Es lo que llamamos la "condición erotómana" que implica que el modo de gozar de una mujer está tejido con el amor bajo dos axiomas: para amar es preciso hablar; para gozar es preciso amar. La demanda de amor desempeña en la sexualidad femenina un papel incomparable con el masculino ya que introduce este rasgo infinito, que va más allá de toda prueba. El amor es inconcebible sin la palabra y es por esa vía que hacer hablar al otro es un modo de hacer comparecer el amor -que siempre pide una palabra más-.

¿Es posible atravesar el muro?

Miller utiliza el término sexismo[3], que se construye incluso sobre racismo, para hacer notar que desde la perspectiva del goce hombre y mujer son dos razas, no biológicamente, sino en lo que hace, insistimos, a la relación inconsciente con el goce. Proposición que sin dudas tiene consecuencias, mismas que esperamos explorar en nuestras Jornadas.

En la época actual en la que el discurso de los derechos pretende un reparto igualitario de los goces vemos que los semblantes de uno y otro modo de gozar pueden superponerse. De tal forma, asistimos tanto a lo que Miller llama la "máscara-ulina[4]" de las mujeres que adoptan los semblantes tradicionalmente masculinos -buscar en el hombre el pequeño recorte de objeto que sirve para el goce, reduciendo las palabras y el amor- como a una creciente tendencia a lo ilimitado del empuje a los goces, para hombres y mujeres, característica de lo que nombramos muy rápidamente como demanda de-algo-más, del lado femenino. ¿Este esfuerzo igualitario entre los sexos permite atravesar el muro?

El amor ¿aún?

Nadie mejor que los poetas para aproximarnos a esa orilla incierta donde desfallecen los sentidos y donde la lengua se infiltra de un goce privado que consigue atravesar-se, ofrecerse a la lectura y circular en un sentido no-común que nos permite gozar también de esas palabras. Es lo que vuelve a la escritura poética cercana al psicoanálisis en tanto ambas desnudan -o apuestan a hacerlo- esa relación singular que cada quien tiene con su goce íntimo, para ponerlo al servicio de otra cosa. Lacan cita el poema de Tudal de nuestro epígrafe en distintos momentos de su enseñanza en los que aborda la presencia de un muro. En la primera cita, el esfuerzo es señalar que el lenguaje es en sí mismo el muro, tope que Freud nombraba como castración y razón de nuestra división irresoluble que nos vuelve en el mejor de los casos, deseantes siempre peregrinos.

En la segunda, Lacan equivoca en su recuerdo la cita y produce una torsión en la que la mujer -en el mismo verso que el hombre-, ocupa el lugar del amor, y el amor aparece como posibilidad de suplencia a ese vacío que se juega entre ellos[5]. Valiéndose de la homofonía en francés entre muro y amor, Lacan sitúa que la imposibilidad de hacer de dos uno, la imposible complementariedad de los sexos para los seres hablantes, está justamente en la raíz del amor. El amor -un nuevo amor!- permitiría un tratamiento distinto del goce, hacia el campo del deseo. Un puente -aunque agujereado-, sobre el vacío.

¿Qué del amor en una época que tiende a reducirlo a un bien suntuario mientras se desvive por procurarse goce? ¿Quieren los hombres amar? ¿Cómo se juega esto en un análisis en el que siempre, de un modo u otro, hombres y mujeres hablan -o callan- del amor? Nos encontraremos en noviembre para hablar de ello. Están invitados.

INSCRIPCIÓN CON DESCUENTO HASTA EL 31 DE OCTUBRE

Hasta el 31 de octubre, público en general $850 y estudiantes $600

A partir del 1 de noviembre, público en general $1000 y estudiantes $750

Puedes depositar el importe en la siguiente cuenta:

Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano A.C,
Banorte
No. de cuenta 0326428652
CLABE 072180003264286528

Enviar tu voucher junto con tu nombre y apellido a asistente@nel-mexico.org y tesorerianelcdmx@gmail.com

Referencias:

  1. Tudal, A., París en el año 2000.
  2. Llamamos sexuación al modo en que hombres y mujeres, uno por uno, inscribe su modo de gozar en una u otra de las formas que aquí describimos sucintamente. Pensar una clínica de la sexuación permitiría no perpetuar el falocentrismo sino "trastocarlo", situando la diferencia en la heterogeneidad de "los goces que hace la relación sexual imposible, sea cual sea la identificación con la cual el sujeto se presenta." Cfr. Alvarez, M. y otros, Las disputas sobre el sexo. El sexo posmoderno., en Colofón 22 Clínica de la seducción y (no) clínica del género. Granada, FIB: 2002.
  3. Miller, J.-A., Extimidad, Buenos Aires: Paidós, 2010, p. 55
  4. "masque-lin de la femme" Miller, J.-A., El hueso de un análisis, Buenos Aires: Tres Haches, 1998, p.83
  5. "Entre el hombre y la mujer // está el amor" Lacan, J. Hablo a las paredes, Buenos Aires, Paidós: 2012 p.108
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