Radar N° 89 | Junio 2012Ver ediciones anteriores
 
Semblante y Nombre del Padre. Lacan, 10 y medio
por Mónica Torres
 [*]

"Entro en el pensamiento del héroe pero no en el de Abraham: alcanzada la cima vuelvo a caer porque aquello que se me ofrece es una paradoja."
Sören Kierkegaard

"[…] de golpe leí la respuesta al acertijo de Blanche Adney. Era todo público y no tenía vida privada correspondiente, al igual que Clare Vawdrey era todo privado y no tenía correspondiente vida pública."
Henry James

Sabemos, a partir de la única clase del seminario inexistente sobre "Los Nombres del Padre", que el Nombre del Padre es un semblante.

El título mismo de ese seminario, que consta sólo de una clase, nos muestra que el Nombre del Padre ya no existe. O dicho de otro modo que el Nombre del Padre no es más que un semblante. Este comentario podría terminar aquí. Hay un antes y un después en la enseñanza de Lacan a partir de esa única clase del seminario que Lacan jamás terminó.

La pluralización de los Nombres del Padre cuestiona de manera radical la primacía del Nombre del Padre.

Sin embargo, Lacan nos dejó una lección de ese seminario a la que podríamos llamar Seminario "10 y medio", a la manera de Fellini "8 y medio". Porque lo que se esboza allí determina la lógica de los seminarios anteriores e ilumina las versiones del padre en sus seminarios posteriores. [1]

De hecho, esta operación cuestiona el punto de partida de Lacan, es decir: que el semblante domina lo real. Esto es lo que Lacan explicita en términos de "hay significante en lo real".

No obstante, en la significantización de lo real que predomina a esta altura de su enseñanza encontramos algunas discordancias. Lacan subraya de una manera muy particular algo que ya estaba en Freud: el objeto hallado nunca es el buscado, entre ambos siempre hay discordancia, lo que marcará toda la vida amorosa del sujeto. Ese "algo horroroso" en la vida de los seres hablantes que Freud ya había visto en sus "Contribuciones a la psicología de la vida erótica o amorosa". [2] Espíritu Santo es el nombre que Lacan le da a esta discordancia, a esta ruptura de una supuesta armonía, en El seminario 4, tal como J.-A. Miller lo subraya en su seminario La experiencia de lo real[3]

El falo es el símbolo de que el semblante domina lo real, sin embargo ya en el mismo Freud hay un anticipo de que hay una falla del saber en lo real. Y es que este saber no facilita en modo alguno el acceso al otro sexo. La sexualidad, entonces, agujerea lo real. En el final de la enseñanza de Lacan, en lo que Miller ha elucidado como el sexto paradigma del goce, este agujero que la sexualidad produce en lo real va a ser llamado "no hay relación sexual". [4]

Ya en El seminario 4, el Espíritu Santo había hecho su entrada y podemos leer allí el anticipo de que hay un real que escapa a la significantización y que la aufhebung fálica deja de lado. Es decir que el Lacan de dicho seminario ya había anunciado lo que atravesaría toda su enseñanza y es que significante y goce, o semblante y real se excluyen. Lo que en ese seminario va a ser atribuido a la dimensión imaginaria, primer nombre del goce que escapa al significante. [5]

El padre, que a partir de este seminario "10 y medio ", 10 y medio en tanto se sitúa y no de manera contingente, entre el seminario 10 y el 11, el Nombre del Padre pasa a ser uno entre otros. Incluso pasa a ser el Nombre de una función que se puede escribir NP (x), porque interroga para cada uno la función del Nombre del Padre. [6]

Pero el concepto de Nombre del Padre ya había agujereado, mediante la metáfora paterna la figura del Padre, figura que Freud heredó de la religión.

La operación del Nombre del Padre es la metáfora de la presencia del padre. La metáfora vuelve ausente al padre mismo. Lo que divide al Nombre del Padre en una teoría sobre el padre y una teoría sobre el nombre. Es decir que Lacan ya había asestado un golpe a la figura del padre en Freud tornándolo verbo, volviéndolo significante. A la vez el concepto de Nombre del Padre, está advertido de la discordancia que llamamos aquí Espíritu Santo tal como aparece en el Capítulo 3 de El Seminario 4.

Lacan objeta, en la única clase del seminario inexistente sobre los Nombres del Padre a Hegel desde Kierkegaard y nos habla del "temor y temblor" con relación al sacrificio de Abraham. Temor y temblor que objeta al universal del semblante e introduce el goce mediante la figura de la zarza ardiente.

La forclusión del Nombre del Padre en la psicosis es la prueba del fracaso del semblante. El Nombre del Padre, entonces, es un artificio.

Más adelante, en El Seminario 17, Lacan hablará de la inconsistencia del padre en Freud. Ya que en Freud aparecen tres figuras del padre: el buen padre del Edipo, el padre feroz de "Moisés y el monoteísmo" y el padre darwiniano de Tótem y tabú. [7]

El cuestionamiento del Nombre del Padre implica que, de algún modo, todos hacemos un nombre propio más allá del Nombre del Padre, aún si el Nombre del Padre es una de sus posibles suplencias.

El padre no es una figura, es una función. En algún sentido cumple una función religiosa, la de enlazar lo simbólico y lo imaginario. Es por eso que hay que relativizar el "todos joyceanos". El Nombre del Padre no es más que un semblante sólo si lo simbólico y lo imaginario se anudan con lo real. De lo contrario, será el síntoma como en el caso de Joyce, el que anude.

Por eso, la única clase del seminario existente sobre los Nombre del Padre, explica retroactivamente la función del padre y anticipa lo que será en la última enseñanza de Lacan, el padre-síntoma.

Lacan, al considerar al Nombre del Padre como una función, nos da la posibilidad de pensar la distancia que hay entre el padre como función simbólica y el padre como existente. [8]

También por esta razón, a partir de esta única clase, el padre muerto no será para Lacan un buen modelo para la excepción. No se trata del padre terrible que lo dice todo, ni del padre muerto que se calla para siempre. El último Lacan nos va a proponer en R.S.I. [9] y en Le sinthome [10], pensar al padre en tanto padre deseante, no como padre terrible ni como padre muerto. Tampoco es el padre de la histérica, tal como es presentado en El seminario 17, portador de un título, antiguo combatiente que es deseante en tanto impotente. Se va a tratar del padre como excepción sintomática. Es un padre que tiene como síntoma a una mujer, variante del síntoma que hace de una mujer el objeto causa de su deseo. Pero aquí estaríamos ya en el último movimiento de la enseñanza de Lacan. Sin embargo, el "seminario inexistente" anticipa esta lógica, ya que ubica el nombre de goce más allá del Nombre del Padre. Es por eso que aparece después del seminario de "La angustia". El seminario 10 introduce al objeto a, Lacan concluye que si hablamos de objeto a, ya no podemos hablar de Nombre del Padre, se tratará de los Nombres del Padre, pluralizados. Lacan introduce aquí entonces, la excepción necesaria al universal para poder arribar a lo existencial.

El Dios del sacrificio de Abraham no es el Dios de los filósofos ni el de los sabios, sino el Dios de Isaac, Abraham y Jacob, no es un Dios Sujeto- supuesto-Saber, es decir un Dios de la religión del padre muerto, sino un Dios con un deseo. No es ya el Otro del significante, es un Dios que tiene el estatuto de un real sin concepto, alrededor del cual giran los Nombres del Padre. [11]

El Dios que dice "Soy lo que soy" ya no es el Gran Otro, está más cerca del a. Pero no es todavía el padre-síntoma del final.

Con el seminario de los "Nombres del Padre", la metonimia del goce se opone a la metáfora paterna. El binario goce y sentido que atraviesa toda la enseñanza de Lacan se pone de manifiesto acá de una manera privilegiada. A partir de este seminario se trata del deseo del padre y ya no del Nombre del Padre que metaforiza el deseo de la madre. Cuando Lacan va más allá del Nombre del Padre, comienza a ocuparse del deseo del padre y de la causa de su deseo. [12]

Hasta entonces se había ocupado del deseo de la madre y de la operación que el Nombre del Padre realiza sobre ese deseo.

En la última enseñanza de Lacan se plantean como semblantes los conceptos de lenguaje, de Otro, de Nombre del Padre y el símbolo fálico mismo, lo que pone en tela de juicio la posibilidad de operar sobre el goce por medio de la palabra.

Lacan comenzó por una definición de lo real según la cual lo real es el sentido, pero al final de su enseñanza arribará a la idea de un real fuera de sentido. Como nos lo dice J.-A. Miller en La experiencia de lo real…: el inconsciente hace su soliloquio en el semblante para defenderse de lo real.

El primer Lacan, al darle preeminencia al Otro, se ocupaba de la comunicación. Todo el grafo del deseo está organizado sobre esta base. Pero el último Lacan pone en cuestión la relación al Otro. Y en el lugar de la comunicación ubica la nominación. [13] La nominación se opone de algún modo a la comunicación. Se trata del padre que nombra.

El Nombre del Padre en la última parte de su enseñanza, designa el efecto de simbólico en la medida en que aparecería en lo real. Pero esta parte de la enseñanza de Lacan tenemos que ubicarla a partir del seminario Aún. El aquí llamado Lacan 10 y medio, anticipa la escansión que se producirá en Aún. Y es por esto que este seminario quedó inconcluso, un agujero en su enseñanza. Ese agujero, nos dice que el Nombre del Padre estaba para cubrir un vacío.

Ahora bien, si el Nombre del Padre es un semblante, ¿podemos pensar un mundo sin Nombre del Padre? Para Lacan no es posible mantener una comunidad de vida humana sin el recurso a la herramienta del padre. [14]

Lacan leyendo a Freud ubicó el lugar vacío del padre muerto. Pero el culto a la tumba vacía puede dar lugar a la destrucción del deseo. Es por esto que en la clase del 21 de enero de 1975 de su seminario R.S.I., Lacan introduce de otro modo las funciones de excepción: "Un padre no tiene derecho al respeto, ni al amor, más que si el supuesto respeto y el supuesto amor, están "perversamente" orientados, es decir hace de una mujer, objeto a que causa su deseo."[15]

Se trata de un caso especial de la función síntoma. Es decir, un "viviente" es requerido. Es necesario que alguien haga en vida la prueba de que un deseo, un deseo vivo, pueda verificar la función. El padre que nombra, el que merece el amor y el respeto, no es ni el tirano ni el padre muerto. Es el padre-síntoma y está referido a lo que el síntoma tiene de excepción. Su manera de nombrar es fallida y por lo tanto deja siempre un resto, algo sin nombrar. O sea que en el final de su enseñanza, el Nombre del Padre es llevado a su utilidad. Es un modo, al decir de Éric Laurent, de recomponer los Nombres del Padre.

Concluyo con una cita de J.-A. Miller: "No pedimos ningún privilegio para el Nombre del Padre. El Nombre del Padre es un síntoma, es mucho más banal que los otros. Es un síntoma que sirve para todo, un felpudo, no tiene el refinamiento, el estilo exquisito de algunos síntomas […] Solo que, como instrumento, es sin embargo el más eficaz. [16]

Se trata entonces de ir más allá del semblante del Padre, a condición de servirse de él.


* Psicoanalista, AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana (Buenos Aires), y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.Directora editorial de la Revista Enlaces, Psicoanálisis y cultura. Responsable del Departamento de Estudios psicoanalíticos sobre la Familia. Miembro del Consejo de la Asociación Mundial de psicoanálisis.Miembro del Consejo Científico Académico del ICBA.Docente del ICBA y de la Maestría en psicoanálisis de la Universidad Nacional de San Martín.
Docente de la UBA. Seminario de extensión Universitaria "Amor, deseo y goce". Docente de Pos- grado de la UBA. Autora de los libros: Los nudos del amor,Clínica de las neurosis, De los síntomas al síntoma, Fracaso del inconsciente, amor al síntoma,Uniones del mismo sexo.

*Aporte al Volumen Scilicet en preparación al Congreso de la AMP en Roma 2006.

  1. Lacan J., Introduction aux Noms-du-Père, Paris, Éditions du Seuil, 2005.
  2. Freud S., "Contribuciones a la psicología de la vida erótica" (1910-1918), Vol. XI, Buenos Aires, Amorrortu Editores, 1979.
  3. Miller J.-A., La experiencia de lo real en la cura psicoanalítica, Buenos Aires, Editorial Paidós, 2003.
  4. Ibid.
  5. Lacan J., El seminario, Libro 4, La relación de objeto, Buenos Aires, Ediciones Paidós, 1994.
  6. Miller J.-A., De la naturaleza de los semblantes, Buenos Aires, Editorial Paidós, 2002.
  7. Lacan J., El seminario, Libro 17, El reverso del psicoanálisis, Buenos Aires, Editorial Paidós, 1992.
  8. Laurent E., "El modelo y la excepción" en Síntoma y nominación, Buenos Aires, Colección Diva, 2002.
  9. Lacan J., Seminario XXII, R.S.I., inédito.
  10. Lacan J., Seminario XXIII, Le sinthome, inédito.
  11. Miller J.-A., El banquete de los analistas, Buenos Aires, Editorial Paidós, 2000.
  12. Miller J.-A., Comentario del Seminario inexistente, Buenos Aires, Manantial, 1992.
  13. Miller J.-A., Curso 2004-2005, Clase del 15 de diciembre de 2004, inédito.
  14. Laurent E., "Recomposer le Nom-du-Père", Élucidation 8/9, Hiver 2003-2004, Paris, Verdier.
  15. Lacan J., Seminario XXII, op.cit.
  16. Miller J.-A., Los inclasificables de la clínica psicoanalítica, Instituto clínico de Buenos Aires, Paidós, 1999.

Bibliografía general:

  • Miller Jacques-Alain, "El lugar y el lazo", Curso 2000-2001, inédito.
  • Kierkegaard Sören, Temor y temblor, Buenos Aires, Editorial Losada, 1999.
  • James Henry, La vida privada, Buenos Aires, Ediciones Nuevo Siglo S.A., 1997.
  • Laurent Éric, "¿Puede el neurótico prescindir del padre? en Del Edipo a la sexuación, Buenos Aires, Editorial Paidós, 2000.
  • Aramburu Javier., El deseo del analista, Buenos Aires, Editorial Tres Haches, 2000.
  • Katz Linda, Aramburu Javier, Torres Mónica, Negri María Inés y otros, Una práctica en acto, Buenos Aires, Editorial Atuel, 1995.
  • Torres Mónica, De los síntomas al síntoma, Instituto del Campo Freudiano, Cuadernos del Icba N° 1, Buenos Aires, 2000.
  • Mazzuca Roberto y otros, Las dos clínicas de Lacan, Buenos Aires, Editorial Tres Haches, 2000.
  • Torres Mónica y Katz Linda, Los nudos del amor, Buenos Aires, Colección Enlaces, 1998.
  • Katz Linda y Sánchez Blanca, "Del padre freudiano al padre lacaniano", Revista Enlaces N° 9, Buenos Aires, 2004.