Radar N° 89 | Junio 2012Ver ediciones anteriores
 
La orientación del practicante en tiempos de ficciones *
por Mónica Torres
 [*]

"La repetición es repetición de goce, eso quiere decir
que no obedece esencialmente a las exigencias lógicas,
sino, si puedo decirlo, a las libidinales"
J.A.Miller.El lugar y el lazo. 2/5/01 (Inédito)

La Comisión científica de estas jornadas, nos pidió a Jorge Chamorro y a mi, que tratáramos de ubicar para esta noche algunas de las incidencias memorables en la historia del psicoanálisis en la Argentina.

Me pareció que sería interesante entrecruzar esta consigna con la idea de testimonio del practicante, a la que nos estamos abocando tanto en el trabajo para el Congreso de Bruselas como también para la preparación de estas jornadas.

Así que voy a hablarles de una experiencia de mi historia como practicante que hace, me parece, a la historia del psicoanálisis en nuestro país. Creo que soy una practicante lo suficientemente "rodada" como para poder decirlo de este modo.

En los comienzos de mi práctica, en una institución pública el Centro de Salud N° 1, me encontré de golpe con lo real de la clínica, como nos ha pasado a todos.

Se estimulaba por aquellos tiempos el trabajo interdisciplinario y un caso complicado llegó al equipo de familia, del que yo formaba parte por avatares, que en esa época me parecieron circunstanciales, pero que hoy, transcurridos muchos años ya no me parecen tan contingentes, porque soy uno de los responsables del departamento de estudios sobre la familia.

En fin, en el caso en cuestión una mujer había acusado a su marido de haber abusado sexualmente de uno de los hijos del matrimonio, una niñita de 3 o 4 años.

La señora había llegado hasta la justicia con su denuncia y se nos pedía al equipo de familia y a otro equipo, llamado, si no recuerdo mal, de prevención, que nos ocupáramos del caso. Esto implicaba entre otras cosas, visitas domiciliarias, trato con el poder judicial, etc.

Lo que me importa subrayar es que, en la desorientación en que me hallaba en ese momento, mi encuentro con Lacan, que se había producido, como ya lo he contado, a través de los grupos de estudio de Masotta y cuando yo todavía era estudiante, me permitió una solución que me apartó no sólo de la obviedad del caso sino del peligro de mis propias aficiones.

Recordé hace un mes o dos, cuando comenzamos a trabajar con respecto al testimonio del practicante, que en mis inicios, yo había escrito, en relación al caso mencionado un trabajo que llevaba por título "La muerte y la brújula". Recordaba que el título aludía al de un cuento de Borges cuyo argumento había olvidado. Así que fui a leerlo nuevamente ya que nunca pude encontrar aquel trabajo.

El cuento narra, con el arte de contar historias que caracteriza a Borges, la historia de un detective de parecida semblanza al Dupin de "La carta robada" y es por haber comenzado a leer a Lacan desde ese texto de los escritos que llegué, seguramente a este otro cuento.

El detective del cuento se llama Erik Lönnrot y Borges dibuja su perfil en el primer párrafo del cuento: "Lönnrot se creía un puro razonador, un Auguste Dupin, pero algo había en él de aventurero y hasta de tahur" con lo que se nos dice de entrada que Lönnrot tiene algo de Dupin pero que también tiene algo más, algo de aventurero y de tahur.

El cuento relata como resuelve Lönnrot el crimen de un estudioso del Talmud que ha sido asesinado en ocasión de un Congreso, y la policía representada por un comisario de pocas luces cree develar el hecho en unos días. Pero el detective Lönnrot que cree más en los meandros del significante, se va a guiar por unas palabras que encuentra mecanografiadas en el cuarto de la víctima.

Y que dicen así: "La primera letra del Nombre ha sido articulada" y así comenzará su investigación nuestro detective, haciendo caso omiso de los razonamientos prácticos del comisario.

Ustedes podrían entender, a esta altura, que yo me identificaba con el sagaz detective y dejaba a mi compañero del equipo de prevención el ingrato lugar del comisario. Ya verán que no es tan así.

Tanto en el cuento como en el caso, en ambos crímenes, asesinato y violación, aparecían nuevas evidencias y también nuevos crímenes.

En el cuento de Borges la brújula del detective eran estas frases que se repetirán constituyendo una serie. Aparecerá así otra frase que dice: "La segunda letra del Nombre ha sido articulada" Y la última finalmente dirá "La última letra del Nombre ha sido articulada".

El final del cuento inesperadamente revelará otra vuelta de tuerca y Lönnrot comprenderá demasiado tarde, que creyendo haber encontrado la pista de la carta en realidad fue emboscado por su propio asesino que lo espera al final del camino. Un viejo enemigo de Lönnrot, conociendo la debilidad de éste por el desciframiento de mensajes cifrados, había dejado la primera frase en el escenario del crimen para llevarlo hasta el lugar donde pensaba asesinarlo en venganza de una vieja historia. El crimen del estudioso del Talmud había sido realizado antes y tal como el comisario lo había pensado desde su lógica pragmática. Las "cartas" dirigidas en verdad a Lönnrot y que hablaban de la letra y el Nombre eran una trampa dirigida a Lönnrot aprovechando el escenario del crimen. Y los crímenes posteriores, verdaderos o falsos, es decir simulados o no, eran parte de la trama, no del asesino del estudioso sino del futuro asesino de Lönnrot. La afición de Lönnrot por los juegos de palabras lo llevaba a una muerte segura.

El detective, cazador cazado, espera el tiro del final en el desenlace del cuento.

Ahora bien, me he preguntado, ¿desde dónde se miraba esa joven practicante que fui? ¿Dónde estaba ubicado el Ideal?

Me parece que a la manera de Lönnrot y enfrentada a la obviedad del poder judicial, yo quería estar a la altura de Dupin. Lo que sin duda está bien. Hay algo de la lógica del analista en el personaje de Dupin. Al menos en el momento de la enseñanza de Lacan que corresponde a "La carta robada".

La policía no ve nada y es Dupin el que irá más allá de las dos miradas, de la que no ve nada y de la mirada que engaña. El juego de prestancias se da en relación al goce imaginario que se establece entre la Reina y el ministro.

Pero finalmente lo que domina la situación es que Dupin pueda encontrar el orden simbólico. Y descubrir la lógica del significante en el modo en que fue escondida la carta. Dupin logra ver en la historia de Lacan con Poe, logra ver desde donde se identificaba el primer ministro, es decir desde la reina.

Lo que el malogrado Lönnrot agrega a la teoría del significante, es que el puede engañar también porque el significante no recubre todo el goce. Así el deseo de saber pudo llevarlo a despreciar otras cuestiones y el detective, el héroe del sign¡ficante puede también resultar engañado por los juegos de palabras.

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Muchos años después cuando escribí para la Carta de esta Escuela el Editorial de las llamadas "Noches prácticas" cité una intervención de J.A.Miller en Córdoba en 1992.

Allí Miller ya se preguntaba por la "acción del analista" en la dirección de la cura y decía: "Se trata de la acción analítica (es decir) el testimonio de un analista que trata de pensar lo que hace en su práctica". También citaba yo allí al Lacan de la "Apertura de la Sección Clínica" donde nos dice que la clínica psicoanalítica debe ser una manera de interrogar al analista, de apremiarlo para que declare sus razones y también que la clínica psicoanalítica debe consistir en interrogar no sólo al análisis sino a los analistas "de modo que estos hagan saber lo que su práctica tiene de azarosa".

Debo decir, que, de un modo que no solamente reconstruyo sino que también construyo ahora, que saber con Borges que el inteligente Dupin con su impecable teoría del significante, también podía enredarse en las palabras y dejar escapar lo real, como nos lo atestigua el irónico fracaso de Lörnnot, me permitió ubicar un más allá del significante en tiempos en que esto no era tan habitual. Aún si es posible diferenciar la posición de Lönnrot de la de Dupin, pero eso excedería el marco de este trabajo.

También es cierto que en los decires de Masotta no estaba sólo el Lacan del significante, ya que de otro modo yo no podría haberme encontrado con este cuento de Borges.

Aprendí varias cosas con la lectura a lo Borges de aquel caso: que el psicoanalista tenía algo de detective del significante, pero que con eso no alcanzaba, ya que la pasión por su propio juego, por su propio deseo de saber lo podía llevar al fracaso, engañado en su propia trama. Y además, que, sin embargo, no es sin los libros e incluso no es sin la literatura, es decir, sin el artista que el analista encuentra su saber hacer. Ya que como dice Lacan, el artista nos lleva siempre la delantera.

A la vez, cada caso no nos prepara del todo para otro caso ya que si uno pretende aplicar la lógica de "La carta robada", con su elogio de la significantización del goce, para otros casos lo real puede alcanzarlo inesperadamente.

Del caso no quiero decirles mucho más porque no viene al caso. Sólo que una vez que me pude burlar un poco de mi vocación de detective y de mi afición un tanto quijotesca por las novelas de policía, la verdad se me presentó como más variable.

Por supuesto hicieron falta más vueltas para que esta primera lección llegara a la versión que hoy les ofrezco.

Me encontré yo también en tiempos posteriores nuevamente atrapada en los juegos del significante, tratando de entender en la presentación de un caso de un analista del que no recuerdo el nombre, cual era el deseo de aquella joven mujer que después de afirmar que no quería "ser esas" que se dedicaban a las labores de su casa, había detenido el taxi en el que viajaba con unas amigas, manteniendo esta conversación, y se había abalanzado sobre un cajón de "cerezas" que había visto en una frutería y de lo que el analista deducía triunfal que para no querer "ser-esas" era evidente que quería "cerezas" (!!!)

No me cabe duda de que el analista en cuestión puede haberse enredado un poco a la manera de "Lönnrot"...

Con este comentario no quiero dar el crédito de esta historia al poder judicial, ni a ningún comisario en la búsqueda de pistas exactas. Lo que quiero mostrarles es algo de los tropiezos del significante y de cómo otras ficciones me permitieron descubrir lo que ya estaba en el Lacan que leíamos por aquellos años. Siempre es posible encontrar, en una lectura atenta de Lacan, la cuestión de que no sólo es la brújula del significante la que llevará al analista por el buen camino.

Elogio, en fin, de una práctica en acto.

Y también transmitirles que fue posible para esta practicante que no viene de la medicina ni estaba particularmente enredada en la psicología, fue posible mucho antes del fin de análisis, encontrar nuevas inquietudes para derrotar lo que si la caracterizaba ya por entonces: una excesiva afición por las ficciones.


* Psicoanalista, AME de la Escuela de la Orientación Lacaniana (Buenos Aires), y de la Asociación Mundial de Psicoanálisis.Directora editorial de la Revista Enlaces, Psicoanálisis y cultura. Responsable del Departamento de Estudios psicoanalíticos sobre la Familia. Miembro del Consejo de la Asociación Mundial de psicoanálisis.Miembro del Consejo Científico Académico del ICBA.Docente del ICBA y de la Maestría en psicoanálisis de la Universidad Nacional de San Martín.
Docente de la UBA. Seminario de extensión Universitaria "Amor, deseo y goce". Docente de Pos- grado de la UBA. Autora de los libros: Los nudos del amor,Clínica de las neurosis, De los síntomas al síntoma, Fracaso del inconsciente, amor al síntoma,Uniones del mismo sexo.

* Publicado con la amable autorización del autor.