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La transferencia de Freud a Lacan o el deseo del analista
por Claudia Lijtinstens
 [*]

Presentado en XVIII jornadas de la EOL Sección Córdoba, junio de 2009

Frente a la amable y precisa invitación del directorio para abordar este eje, se me presentó la idea de guionar nuevamente estos conceptos a la luz del anudamiento: transferencia –deseo del analista

Comenzaré por Freud y la transferencia.

Si Freud inventó el Inconsciente, la transferencia fue sólo una evidencia que se la proporcionó imprevistamente el testimonio de éste.

La transferencia fue, para Freud, un modo de decir del inconciente en las vías de la creencia en el Otro, en el encuentro encarnado con el Otro.

Ya en el inicio de sus investigaciones, había advertido las diferentes formas de ese lazo amoroso discursivo situándolo en su doble vía: por un lado posibilitaba leer el inconciente, pero por otro se volvía un obstáculo inconveniente. Así, la nombró sucesivamente sugestión primero, luego repetición, resistencia y, por último, motor del tratamiento analítico.

De esta manera encuentra la cara positiva de soporte significante y la cara pulsional de la transferencia.

Fue la puesta en práctica de la regla fundamental del análisis, la asociación libre, lo que le permitió introducir su dinámica e interrogar la posición necesaria del analista en esa dialéctica. Pero no podríamos desconocer que Freud construyó su doctrina conceptual alrededor de la noción de la castración y del Padre, por lo que la transferencia analítica, aquella que permite tanto conducir una cura como la que está en el origen de las instituciones analíticas, fueron cimentadas alrededor del reino del Padre, de la verdad de la castración.

Es precisamente con el caso Dora que la transferencia encuentra su lugar en el cuerpo freudiano, detectando cuando el deseo del paciente se aferra a algo de la persona del terapeuta, incorporándolo al Inconciente mismo. Podríamos decir con Miller, que el deseo del sujeto se aferra al significante del psicoanalista, no a su persona.

La operación freudiana con Dora, es justamente por la vía de la verdad, o como amo de la verdad, encontrándose a su vez con el obstáculo mismo de transferencia. Es decir, Dora se detiene cuando el deseo de Freud es ocupado por el amor al saber, como su insistencia en predeterminar cuál sería el objeto de deseo de una mujer, es decir, él como regulador de la verdad, a partir de un Ideal, ideal mismo que obturaba el lugar del analista con una identificación.

Fue J. Lacan quien ubicó la transferencia, inéditamente, como una consecuencia de la regla fundamental, con la creación del Sujeto Supuesto Saber.

Tardíamente, ya en el SEM. XI, introduce las variaciones necesarias en el concepto de transferencia, con su invención del deseo del analista, concepto determinante para pensar el mas allá de la transferencia., con la invención del concepto de objeto a.

Allí ubica el SSS como pivote de la transferencia, formación de vena y no de artificio, desprendida del psicoanalizante[1] -aquello a lo que el sujeto se aferra en su economía psíquica- pero enlazándolo a la pulsión, a la sexualidad, y no ya al plano imaginario del amor, de la empatía o de las pasiones, como en el que los postfreudianos operaron desde el concepto de contra-transferencia.

¿Cómo se establece este anudamiento entre transferencia y deseo del analista?

O podríamos preguntarnos: ¿qué sería de la transferencia sin el deseo del analista?

Jacques Lacan elaboró, en su doctrina de la experiencia analítica, el concepto de deseo del analista, diferenciando la transferencia de otras experiencias de amor o fenómenos ilusorios o imaginarios, en las que habría que interrogarse acerca del tipo de apego o con-fusión que generan.

Es interesante formularlo, entonces, a la luz del Seminario de "La Ética del psicoanálisis", en el que Lacan se pregunta solapadamente ¿qué tiene para dar el analista?

"Lo que el analista tiene para dar, contrariamente al partenaire del amor, es eso que la más bella desposada del mundo no puede superar, esto es a saber: lo que él tiene. Y lo que él tiene es, como en el analizado, no otra cosa que su deseo, con la única excepción que éste es un deseo advertido[2]".

Se trata de un operador al que hay que darle su justo valor y lugar.

Un deseo advertido, podríamos agregar, que implica, justamente, no responder a la demanda de felicidad, ni desear lo imposible.

En el Seminario XI", Lacan intenta responder cuál es el deseo del analista, qué ha de ser del deseo del analista para que opere de manera correcta[3]?

El deseo del analista es una X, es decir una incógnita, que instala, vehiculiza, se hace portador de un vacío posibilitador.

Pero una X quiere decir que "no se trata de un misterio insondable, ni un inefable, ni si quiera de un deseo puro", es un deseo que tiene un límite preciso que le permite ser operativo en el campo del lenguaje[4]

Se trata de un deseo limitado, circunscrito, elucidado, vaciado de los atributos del ser, que permanece regido por el significante, pero con un límite que le da su lugar topológico, su

espacio y su lugar operatorio, un lugar de enunciación, limitado por la letra del síntoma, lo que lo vuelve dócil y abierto a empalmar el deseo del sujeto, más allá del amor.

"El deseo del analista sirve de soporte del objeto a, como separador…",[5] es lo que permite conducir una cura más allá del Ideal, separando el Ideal del objeto a, a partir del tratamiento de la demanda, mas allá del amor, en su carácter pulsional.

El analista a partir de su acto de "desapego" [6], promueve una acción concertada en reconducir el significante a su desnudez, es decir, a un no saber ni a suponer sobre la significación que el otro le asigna a su palabra o al amor mismo.

Esta acción despegada del saber permite volver operativo el semblante, tratar lo real por lo simbólico, incidir en la modalidad sintomática del amor sin quedarse cautivado por su ilusión o por su completud.

El problema sobreviene cuando el acto analítico se viste con el narcisismo y, en lugar de captar la dimensión del deseo en juego, lleva eso a un saber, es decir, cuando el analista deja de darse cuenta que él surge del acto analítico, apareciendo la imposibilidad de hacerse causa del deseo [7].

Surge de éste modo la pregunta cómo y de dónde surge ese límite operativo en la transferencia?

El pasaje o la trasmutación de la transferencia de Freud a Lacan, podríamos situarla, parafraseando a E. Laurent en lo siguiente: Freud mete al sujeto en el texto y supone un sujeto al saber inconciente, descubriendo, gracias a la transferencia, la relación del sujeto con su satisfacción, con su goce. Mientras, Lacan, efectúa una nominación, nombra el inconciente como el saber que se produce en la experiencia del psicoanálisis, que implica el SSS.

Ese saber es un texto que embraga a partir de un agujero en la cadena del discurso corriente, de un equívoco.

Podríamos precisarlo en la experiencia.

Un adolescente llega al consultorio relatando, a viva voz, todos sus actings: robar, realizar actos destructivos, vandálicos, y hasta hacerse echar de la escuela.

Logra, en el devenir de su análisis, nombrarse en su relación al Otro con un equívoco: el boceador-boxeador, equívoco que interpreta su goce y que se anuda al significante de la transferencia a partir de haberse encontrando con el semblante necesario que propició el pasaje de la viva voz destructiva a la voz cantante

Esto le posibilitó un tratamiento del objeto, despegado del Otro y del ideal, encontrar otro fin que el destructivo mismo, a través de una estetización del objeto, vía una actividad por la que, ahora, decide llevar la voz musicalizada, de un lado a otro.

Podríamos decir que ese significante cualquiera, que significa la particular implicación, se obtiene a partir de un aflojamiento de las identificaciones, es decir cuando ya no es el significante amo el que garantiza la posición del sujeto, sino el significante cualquiera. El sujeto se ha logrado desprender del sigte amo.

En este sentido, el significante cualquiera es el significante de la transferencia, es el nombre de la operación por la que se sustituye al S1, al NP, por un significante cualquiera que venga a ocupar el lugar de la garantía. Entonces la garantía ya no es el padre, sino el síntoma.

Esto se produce si el analista no da identificaciones al sujeto en respuesta a la demanda y, paralelamente, deviene un "objeto indiferente".

Esto es lo que Lacan llamará en televisión, la "caridad psicoanalítica", es decir, el analista en el lugar del objeto ya perdido, el lugar de ese vacío que completa paradójicamente al sujeto.

Entonces, el sujeto no va a inscribirse en el Otro ya por el amor ligado a la cadena sino por el objeto, en la medida en que el analista devenga partenaire-síntoma del sujeto. Al encarnar ese objeto perdido, pone en funcionamiento un régimen topológico del objeto a[8], es decir del vacío, ocupando ese punto extremo que Lacan formula como un despojamiento de todo dominio..." [9], sin suplementar el saber". Operación del analista que adviene en al medida en que es atravesado por la imposibilidad y la inconsistencia, lo cual sólo y sencillamente marca un límite, el de su deseo.

Retrotrayéndome al inicio de mi práctica, recuerdo cómo, en mi apasionada intensión de escuchar el sufrimiento infantil, aparecían los padres…. y allí, sus demandas o voluntades irrefrenables…las incidencias de esos fantasmas. Ellos eran capaces de llevarlos a sesión o de sacarlos, de producir sus neurosis o de imposibilitárselas. El Otro consistía!

La experiencia intentaba, a partir del deseo de analizar sostenido en el deseo del Otro, modificar lo imposible, vía la creencia en el padre. La práctica era solidaria, en ese momento, a los recorridos del análisis en la vía del padre, conduciendo ineludiblemente hacia otro límite en su disquisición con el deseo del analista: el de la insatisfacción o la impotencia.

Pero también podría decir que en el recorrido de la formación, la práctica del control del acto analítico fue una experiencia que subrayó el límite, pero en el sentido del devenir del deseo del analista.

En una ocasión, la pregunta de la analista practicante fue hasta dónde era posible incidir, modificar o responder frente al devenir melancólico de una paciente en su no tener vida…, ya que su vida era, efectivamente, vivir encargándose de la vida del Otro, de un modo absoluto, estragante que sólo a veces encontraba una pacificación.

La intervención recortada de ese control fue: hay un límite….Ese no tener vida es su vida".

Esto introdujo la perspectiva de una modulación de ese "no tener vida" como el único modo de

hacerse su vida en tanto elección subjetiva, que, por otro lado, también establece el límite del discurso analítico, la imposibilidad de curar la inconsistencia del Otro, el límite del acto mismo.

Es por el recorrido analítico y, específicamente por el acto analítico, que es posible servirse del padre, pasar del amor al Otro al amor al síntoma como el Un cuerpo.

Ir más allá de la impostura y la creencia implica depurar el síntoma como partenaire mismo hasta extraer la sigla posible con la que operar en una cura; significante cualquiera que nombra lo real del síntoma y que materializa la reducción de un límite.

Ese es el deseo del analista que vuelve operativo el uso del semblante.

Extraerlo del recorrido analítico es lo que posibilita usarlo, anudado a la práctica y al control.

El deseo del analista delimita la singularidad de la transferencia, de lo pulsional, sin confundirse con el Sujeto Supuesto Saber.

Es invariablemente un efecto de formación.


* Psicoanalista, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, AP de la Escuela de la Orientación Lacaniana - sección Córdoba.
  1. J.Lacan, Proposición del 9 de octubre 1967-Momentos Cruciales de la experiencia Psicoanalítica.
  2. Lacan, J.: "La Ética del psicoanálisis" 1959-1960.Ediciones Paidos 1988.
  3. Lacan, J.: "Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis" 1964.Ediciones Paidos 1987.
  4. Aramburu, J.: "El deseo del analista" Tres Haches 2000.
  5. Lacan, J.: "Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis" 1964 Ediciones Paidos 1987.
  6. Miller, J-A.: "Cosas de finura". Curso 2009 -Inédito.
  7. Laurent, E.: "Ciudades analíticas" Pág 63.
  8. Laurent, Eric: "Nacimiento del Sujeto Supuesto Saber". Revista Lacaniana. N° 8 Pág, 12. Año 2009.
  9. Idem 6.

Fuente: Escuela de la Orientación Lacaniana