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Un tipo de amor en la neurosis obsesiva
(a partir de la lectura del seminario las formaciones del inconsciente y el seminario de la angustia)
por Mercedes De Francisco Vila
 [*]

I. El deseo en la obsesión
Antes de entrar en el tema del amor es necesario hacer un recorrido sobre el deseo. Y lo primero que abordaremos es la forma distinta de encarar el deseo según se trate de una histeria o una neurosis obsesiva. El deseo nunca puede satisfacerse. Por el propio hecho de ser deseo cada vez que avanza hacia su objetivo, el objeto ha pasado a estar en otro lugar.

El deseo de un sujeto histérico está siempre en relación con el deseo del Otro, con los signos del deseo del Otro y el sujeto obsesivo lo que hace en relación al deseo es defenderse de él.
Si en la histeria el sujeto necesita ver los signos del deseo del Otro para vivificarse, en la obsesión lo que ocurre es que cada vez que el sujeto desea está en juego la desaparición del Otro, está en juego su destrucción.

Jacques Lacan nos muestra que en la histeria se pone de manifiesto el deseo como insatisfecho, una de sus características estructurales. En la obsesión encontramos también algo que caracteriza al deseo para cualquier sujeto: que llevado al extremo –a su realización absoluta- implica la anulación del Otro. Un deseo llevado hasta último término –en el sentido más drástico- implica la destrucción del Otro. El obsesivo, cada vez que se enfrenta con el deseo, en el horizonte se da esa posibilidad, entonces ¿qué hace?: se defiende de su deseo. Se defiende deseando un objeto prohibido o inhibiendo el deseo. Así el deseo aparece como imposible.

II. El fantasma del sádico en la obsesión
Lacan plantea que el fantasma del obsesivo es un fantasma sádico. El obsesivo que se presenta tan oblativo, dispuesto a satisfacer las demandas, cercano, simpático, solidario, filantrópico, encubre bajo ese amor al Otro su fantasma sádico inconsciente. Y para seguir desconociéndolo ese fantasma sádico de destrucción, el sujeto va a hacer todos esos montajes. Por tanto, en la clínica, esto nos debe orientar.

Como dice Lacan, el obsesivo es muy complicado y hay que darle mucho tiempo para que al final llegue a poder enfrentar esta cuestión de la agresividad y del fantasma sádico con el Otro. Y que ese tratamiento de la cuestión le permita tener una vida un poco mejor, un poco menos torturada, porque es un sujeto que se tortura. Y todo esto ¿cómo se sintomatiza? Bajo la duda, bajo la sensación de estar muerto en vida, es decir, la muerte como un elemento fundamental.
Donde hay un agujero fálico, el sujeto obsesivo plantea una condición absoluta.

Este es uno de los puntos también fundamentales para la clínica. Y, en ese aferrarse a esta condición y a esta necesidad absoluta está en juego tapar ese agujero fálico, velar “que hay algo que es imposible entre un hombre y una mujer”. Y, a la vez, mantener intacto ese fantasma inconsciente de destrucción del Otro. ¿Por qué intacto?

Él se defiende de su deseo manteniendo su deseo a raya, tornándolo imposible, haciendo venir al lugar del objeto del deseo cualquier condición necesaria absoluta que no le interesa, para que no se produzca esa destrucción del Otro. Pero todo esto lo desconoce.

III. El deseo de retener
¿Cuál es el objeto pulsional privilegiado en la neurosis obsesiva? El objeto anal, el excremento. Cuando se trata de la época del control de esfínteres ¿qué se produce? La educación del control de esfínteres, tiene que ver con la demanda del Otro, se le pide que retenga, que retenga el excremento.

Pero lo que explica Lacan magníficamente es: “se le pide que retenga, pero al rato, se le pide que lo dé”. No lo puede retener todo el tiempo. El obsesivo, queda en relación a esa demanda del Otro, primero “no la sueltes” y después “suéltala”. Y luego, cuando el niño lo da en el momento adecuado la gente adulta se lo celebra y pasa a tomar el estatuto de don.

Es en este período de lo anal donde se construye el don, la posibilidad del don, por eso, para el obsesivo que está su deseo muy sostenido en este objeto que es el excremento, el tema de la oblatividad es fundamental. ¿Qué va a decir Lacan? Que muchas veces el sujeto obsesivo, con la mujer, la llena de regalos y sobre todo caros ¿para qué? Para eliminar la disimetría, para tapar el agujero, para que este agujero de lo fálico no aparezca. Entonces ¿qué dice aquí Lacan? Muy interesante: “En este vaivén, lo doy, no lo doy, el sujeto entra en la ambigüedad”. Y dice: ¿qué le ocurre al obsesivo? “El obsesivo está conectado con el retener, retener su deseo, retiene su deseo, se sostiene en la retención”. Pero qué pasa con su sintomatología expresada en la compulsión. Lo que trata el sujeto con la compulsión es dejar de lado el deseo retentivo. Estos fenómenos compulsivos son, de alguna manera, un velamiento del verdadero deseo en que se constituyen, que es de retener, retener el deseo, retener el objeto, porque si lo da, si lo expulsa, ese objeto incluso es uno mismo y además supone la destrucción del Otro. Fijaros la importancia de toda esta cuestión para pensar la clínica y los síntomas en el cuerpo.

La cuestión del don en la que el obsesivo está, no le sirve para la relación sexual. Por eso el sujeto obsesivo tiene muchos problemas porque cuando consigue el objeto de su deseo, en ese mismo momento empieza ya a perder su valor. Un hombre que anhela a una mujer, la conquista, la tiene y se acabó.

Es decir que el sujeto obsesivo tiene un problema con lo fálico que está conectado con lo anal, lo anal en este sentido, con todos estos mecanismos de retención, de freno del deseo, etc. Entonces ¿cómo pensar el amor? Porque visto esto, visto esta cuestión de condición absoluta ¿qué tipo de amor para el obsesivo? Lacan dice algo interesante: en realidad lo que está en juego en un momento dado es esta cuestión de lo sucio dentro de la escena.

IV. De qué objeto se trata para el obsesivo en el amor
Y ahora nos preguntamos cuál es la otra cara del objeto excremencial. El otro lado de este desperdicio, es el ideal. Para no decir que es una mierda, para tapar esta cuestión de la podredumbre, de lo sucio, ¿qué se hace? Aparece el ideal para encubrirlo.

Si hemos dicho: que el deseo suyo está retenido en relación al objeto porque significa la destrucción del Otro; que para mantener esa retención y defenderse del deseo se dirige a un objeto prohibido o, si no, lo mantiene como inalcanzable; que su objeto privilegiado es el objeto anal que nos permite explicar la lógica que sostiene su ambigüedad, esta ambigüedad del deseo, si y no, lo doy no lo doy, lo retengo, lo doy, en este enganche con la madre, donde se sostiene el obsesivo; entonces, cuando del amor se trata ¿qué objeto se pone en juego?

El escópico. La mirada y la imagen. Es interesante esto porque el obsesivo encuentra en la mujer que idealiza su propio yo. Es decir que el obsesivo en esa mujer que idealiza está buscándose a él mismo, la imagen de él. Ese salto en el amor ya es un tratamiento de lo excremencial, ya no es esa mierda o recubre de alguna manera su fantasma sádico con lo especular.

En la Dama de Shangay, de Orson Wells, hay una escena, la última escena. Es la historia de una pareja, ella (Rita Hayworth) y su marido un hombre mayor, muy duro, millonario y está Orson Wells, que es un joven que la ama y está cautivado por ella. La voz en off es de Orson Wells contando la historia de él como “la de un pobre tonto, un icauto”. El matrimonio en la escena final se destruye. La última escena es un parque de atracciones donde están, él y ella, frente a un juego de espejos, una sala donde se multiplica la imagen. Empiezan a dispararse el uno al otro pero lo único que se ve es a cada uno disparando a su propia imagen en el espejo. Es una escena magistral para ejemplificar el punto máximo de destrucción en este tipo de amor. Y el que se salva es Orson Wells que la amaba profundamente y que no se retuvo.
¿Qué podríamos ver en esto? Esta manera de amar del obsesivo tiene estas derivaciones. Hay algo de esta especularidad, de esta imagen propia en otro, que al obsesivo le lleva a la actuación del fantasma sádico. A través de este tipo de amor se mantiene y se presenta ese fantasma inconsciente del obsesivo que con tanto empeño trata de desconocer.


* Psicoanalista AME de la Asociación Mundial de Psicoanálisis y de la Escuela Lacaniana de Psicoanálisis (España, Madrid).

Publicado en http://www.blogelp.com/index.php?catsel%5B%5D=32&cat=