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Principios y finales de análisis
 
XI Conversación clínica del ICF
Terminaciones de análisis *

Tres preguntas a Marta Serra **
Antonio Mugica: Jacques Alain Miller en su curso: Cosas de finura en psicoanálisis nos dice retomando a Lacan que "en el final de análisis hay satisfacción" ¿De qué satisfacción se trata para el analizante al final de análisis?

Marta Serra: Como mínimo, de la satisfacción de lograr acabar. Acabar, por un lado, con la consistencia del libreto que comandaba la vida y también, acabar con una parte de la transferencia, esa a la vez tan útil y tan exigente.
Es darse por satisfecho con la construcción alcanzada y no requerir del analista regularmente para seguir como analizante del real que nos habita.

Antonio Mugica:¿En qué términos plantearía usted la diferencia entre el final de análisis planteado como "atravesamiento del fantasma" y el final de análisis como "identificación al sinthome"?

Marta Serra: Ambas propuestas de fin de análisis tocan a la articulación de lenguaje y goce, dando cuenta del recorrido de Lacan desde un simbólico omnipotente hasta un real irreductible.
El atravesamiento del fantasma quizás subraya más la elaboración simbólica, mientras que la salida por el sinthome pone el acento en el goce con el que hay que arreglárselas sin solución de continuidad.

Antonio Mugica:¿Hay razones que justifiquen que haya análisis interminables?

Marta Serra: Cuando se trata de buscar razones y de justificar, es seguro, no se trata de fin de análisis.
Al fin y al cabo, para que el análisis prosiga más allá de las ganancias de saber, de los beneficios terapéuticos y de las mutaciones subjetivas, basta con la transferencia siga activa. Lo que no lo justifica, pero si lo explica.

http://www.blogelp.com/index.php/hacia_la_xi_conversacion_clinica_del_icf_2Tres preguntas a Marta Serra

Tres preguntas a Mercedes de Francisco ***
Ángeles Vicente: Para Lacan en el final de análisis hay una caída del S.s.S. ¿Qué ocurre en las interrupciones con ese lugar ocupado por el analista? ¿Hay destitución subjetiva en los cambios de analista? ¿Las interrupciones o el cambio de analista pueden ser una huida del final del análisis?

Mercedes de Francisco: Desde luego la posibilidad de interrupción en un análisis está presente tanto al comienzo, como en el transcurso, como en su último tramo. Supongo que la pregunta está referida a análisis de larga duración que se "interrumpen", con la posibilidad de que el analizante vuelva a un análisis con otro psicoanalista. Desde luego es difícil e incluso sería demasiado osado dar una respuesta general. Considerar estas interrupciones y cambios de analistas como una "huida" es en sí misma una respuesta. Intentaré otra.
Teniendo en cuenta los testimonios que los AE de la Escuela Una nos aportan, y mi propia experiencia tanto de analizante como de analista, me inclino a considerar otra posibilidad que no excluye la de la huída.
Estos cambios se pueden deber a estancamientos en la experiencia que se han tornado insalvables para los sujetos en la relación con ese analista. Lo que no impide iniciar una nueva experiencia con otro, sin que por ello, el anterior recorrido pierda su valor. Esta dificultad, en un nuevo análisis, puede ser un interesante punto de partida. Esto ratifica lo que Jacques Lacan advirtió sobre que no hay posibilidad de llegar a la transferencia cero. Incluso cuando se trata del pase se trata de una transferencia hacia la Escuela.
Cuando los AE que han tenido varios análisis nos hablan del termino de un análisis y el comienzo de otro, de alguna manera ponen en juego la problemática del final.
Jacques-Alain Miller, en el último Congreso de la AMP, separó el final de análisis de las nominaciones de AE. Planteó "que puede haber finales de análisis de sujetos que no demandan hacer el pase, también puede darse un final de análisis y, sin embargo, el sujeto habiéndose presentado al dispositivo del pase no haber sido nominado..."
Tenemos algunos ejemplos de sujetos que fueron nominados como AE y continuaban con su experiencia analítica, e incluso otros, que después de transcurrido un tiempo de la nominación vuelven al análisis.
Es así como estos eventos lo que ponen en primer plano es el final de análisis y su problemática y para adentrarse en ella recomiendo el texto de Jacques-Alain Miller publicado en Intro "Cuando la cura se detiene".

Ángeles Vicente:¿Se puede hablar de "obstáculos" encontrados en la práctica, tanto por parte del analista como por parte del analizante, para la finalización del análisis? ¿Hay un momento adecuado para terminar un análisis y si la ocasión pasa produce efectos?

Mercedes de Francisco: Es desde mi experiencia como analizante que voy a contestar esta cuestión. En un momento dado a raíz de un sueño, comencé a atisbar la posibilidad de un final, cosa que hasta ese momento no había estado presente para mí. A partir de ahí y sin apresuramiento por mi parte continué, hasta que supe que el final ya estaba ahí, y en ese mismo momento una dificultad se hizo presente..., esperar un signo por parte del analista..., que evidentemente no llegaba.
No fue por una elaboración, ni por un pasar de las sesiones que pude tomar la decisión, esta llegó de la mano de lo que era una de mis nominaciones, la angustia, cuando en una escena cotidiana y trivial apareció anudada a este pensamiento "si no realizo este acto, todo se repetirá de la misma manera" (en sí mismo algo imposible), aunque no se trataba de un sueño, tenía la fuerza de la pesadilla; tomada la decisión la angustia cesó y mis dos siguientes sesiones fueron las últimas.
La soledad que implica este acto no lo torna fácil para el analizante, y del lado del analista queda la responsabilidad de no obstaculizarlo.
En el apólogo de los tres prisioneros, Jacques Lacan, nos muestra como en el tiempo de comprender se trata de una elaboración necesaria antesala del acto. Sin embargo, el momento de concluir sancionado con un acto está separado de la elaboración que hicimos para llegar a él, tanto, como de la demostración posterior para dar cuenta de él.

Ángeles Vicente: Más allá de admitir que en cada analizante se observe un modo particular de destitución subjetiva, por obedecer ésta al fantasma de cada sujeto, ¿se puede hablar, desde la teoría o desde la práctica, de posición femenina, posición masculina y fin de análisis?

Mercedes de Francisco: Como bien dices en tu pregunta, si nos mantenemos en el terreno del sujeto tachado hay algo del cuerpo y por tanto de la posición sexuada que dejamos de lado.
Sin embargo, al referirnos al ser, como hablante, sexuado y mortal, su atributo de sexuado nos permite pensar en una diferencia que se constataría en el final de análisis. Sabemos de la imposibilidad de la relación sexual al hacer la experiencia de la diferente forma de gozar para el hombre y la mujer. En la experiencia analítica los acontecimientos en el cuerpo que han puesto en evidencia estos goces, y sus consiguientes marcas, tienen una gran importancia. Durante el análisis se hace el recorrido que nos permite reconocer el sinthoma que cada uno construyó con estos acontecimientos y sus huellas. Un sinthoma singular que no es deudor de la lógica edípica y que hunde sus raíces en el más íntimo invento que cada uno hizo surgir frente a la existencia de la mujer.
La posición sexuada no viene dada por la anatomía, por ello, tanto los que portan un cuerpo de hombre como los que portamos uno de mujer, debemos confrontarnos a eso extranjero y enigmático del goce femenino. Podemos decir, que cuando uno comienza un análisis es porque el uso que está dando a su sinthoma no le resulta satisfactorio para hacerse con lo radicalmente "hetero"; luego le llevará un tiempo obtener una ganancia de saber sobre dicho sinthoma, y al final, se supone que encontrará una nueva manera de hacer cuando se presente la ocasión, un nuevo uso que lleve aparejada una satisfacción como hombre o como mujer con la que el sujeto acuerde.

Tres preguntas a Rosa Navarro ****
Isabel Soro: Miquel Bassols nos dice en "Finales de análisis": "Se trataría, decía Lacan, de crear un significante nuevo al final del análisis". El Sínthoma modifica algo del sentido y también del goce. ¿Cómo articular este significante nuevo con los cambios que introduce el Sínthoma?

Rosa Navarro: Lacan, en su última enseñanza, pone el acento en el goce, y ya no en el deseo, para situar el fin del análisis, definido por el sínthoma. En un análisis, llevado lo suficientemente lejos, el estatuto del síntoma cambia. Pasa de su vertiente simbólica, como elucubración de saber con la consiguiente posibilidad de desciframiento, a tener un estatuto real: es el sínthoma.
Por medio del análisis se produce una reducción, una condensación y anudamiento del goce. Se apunta a alcanzar el real del síntoma, que es "sin sentido", el punto de "fuera de sentido".
El sínthoma no desaparece, porque se trata de la vertiente de goce irreductible al sentido, vaciado de sentido. El punto en que no hay nada más que decir.
El sínthoma es el modo de gozar de cada parlêtre, en tanto que éste tiene un cuerpo. Por tanto, se trata de hacer otro uso de ese modo de gozar que atañe al cuerpo, de identificarse con el sinthome, con el modo de goce y "saber hacer ahí", obtener una satisfacción donde antes había sufrimiento. Así, el sínthoma viene a nombrar el modo de goce de un parlêtre.
En la última enseñanza, Lacan elabora una lógica basada en el agujero de lo simbólico y en el resto del modo de goce con el que hay que "saber hacer". Se trata, finalmente, de "saber hacer" con el lugar vacío.
Así, lo irreductible del sínthoma deviene un nombre, un nombre de lo imposible de decir, un nombre de goce, verdadero partenaire del parlêtre.
En el Seminario 24, "L’unsu que sait de l’une-bevue s’aile a mourre", Lacan sitúa el significante nuevo como aquél que, como lo real, no tendría sentido alguno.
J.-A. Miller aclara que, al final del análisis, se puede producir la invención de un significante aislado, sin articular con otro significante, que no añade nada del lado del sentido, sino que hace agujero en el sentido y añade un vacío al mismo tiempo que permite la identificación al nombre de sinthome como lo más real. Funciona como una interpretación definitiva que pone límite a la interpretación del inconsciente. Supone, pues, un más allá del inconsciente.
Ese significante nuevo, sea o no un neologismo, es el nombre de goce del sujeto. Nombra eso que goza, el goce ineliminable: "yo soy eso: el sínthoma".
No es posible que surja un significante nuevo que nombre ese resto de goce irreductible si el sínthoma no está, según su estatuto, vaciado de goce y de sentido y, por tanto, constatada la imposibilidad, el agujero de lo real, lo que no cesa de no escribirse.

Isabel Soro: Miquel Bassols, en "Finales de análisis" habla sobre los dos tipos de pulsión y sobre la del final del análisis dice: "La pulsión al final del análisis divide al sujeto y al deseo. En esta pulsión es donde el sujeto se experimenta a sí mismo como objeto para el Otro, y es ahí donde se capta a sí mismo como sujeto dividido en tanto tal. Ahí se aloja el objeto más íntimo en cada sujeto, en lo más próximo de esta división, de la que un final de análisis extrae un objeto causa de deseo". ¿Cómo pensar esta extracción del objeto y darle el estatuto de objeto causa de deseo?

Rosa Navarro: Creo que Miquel Bassols, en esta parte de lo que elabora en su libro: "Finales de análisis", se refiere a la estructura del fantasma.
La tesis de Lacan en "La proposición del 9 de octubre de 1967 sobre el analista de la Escuela", que escribe justo después de su Seminario 14, "La lógica del fantasma" (1966-67), es plantear el fin del análisis como atravesamiento del fantasma, despejando el objeto a, causa de deseo.
Como aclara J.-A.Miller en su curso "El lugar y el lazo" (2000-01), en ese momento de la enseñanza de Lacan, el análisis permite al sujeto acceder a un saber que estaba inaccesible y que atañe al ser del sujeto, al sujeto como ser de deseo.
Es una definición del deseo como un problema que tiene una solución. Esta solución pasa por el atravesamiento del fantasma, es decir de la relación del sujeto con el objeto causa de deseo, que colma su falta constitutiva, su falta en ser.
Se trata de una clínica centrada en el fantasma, concebido como una historia, un escenario inconsciente que se apoya en la relación del sujeto con el objeto a.
El objeto a es la invención de Lacan que le permite, en ese momento de su enseñanza, hacer operativo y manejable el goce. Centra la operación analítica en la frase del fantasma, que conlleva la suma de un efecto de sentido y un producto de goce; es decir, trata de empalmar la cadena significante con el goce.
El atravesamiento del fantasma supone producir una fractura, una separación entre el sujeto y el objeto a, entre el efecto de sentido y el producto de goce.
La consecuencia de ese franqueamiento es concebida como una revelación, la revelación del objeto causa de deseo.
El sujeto aísla el objeto que le completaba, se reconoce en eso, eso que él es como objeto para el Otro, su ser de objeto.
El saber en juego ahí es el del ser que no sabía la causa de su deseo. En el Seminario 10, "La angustia", Lacan habla de la angustia que conlleva esa experiencia.
El sujeto queda destituido, es decir, pierde el enganche que tenía con su deseo por medio del fantasma.
"En ese vuelco en el que el sujeto ve zozobrar la seguridad que le daba ese fantasma donde se constituye para cada uno su ventana sobre lo real, lo que se percibe, es que la toma del deseo no es sino la de un deser" (Proposición sobre el analista de la escuela. Lacan).
Lacan, en el Seminario 16, "de un Otro al otro" sitúa el objeto a como objeto plus de gozar, y en el Seminario 20, "Aún" dirá que no es ningún ser, es un semblante de ser que no tiene sustancia, es algo vacío. Ese objeto está vacío, hueco, agujereado, alrededor del cual gira la pulsión. El sujeto se encuentra, pues, con ese lugar vacío.
Una vez que el asidero del fantasma se tambalea, la presencia del sínthoma viene al primer plano.
J.-A.Miller, descifrando a Lacan, nos descubre que el atravesamiento del fantasma era una formalización del modo de gozar.
En su última enseñanza, Lacan llamará al sujeto parlêtre, que indica su relación con el goce y con el cuerpo. Define la pulsión, que rodea al objeto, como un efecto del decir sobre el cuerpo. La pulsión se iguala al decir del sujeto.
Como expresa Miquel Bassols, en el texto citado anteriormente, las pulsiones son "eso que hace mella en el cuerpo, como un real que pide satisfacción".

Isabel Soro: Guillermo Belaga en "La actualidad del pase" habla sobre el deseo del analista y dice: "El deseo del analista es el deseo de separar al sujeto de los significantes amo que lo colectivizan, de aislar la diferencia absoluta, de cernir su soledad subjetiva y, también el objeto plus de goce que se sostiene en este vacío y a la vez lo colma". Yo creo que cuando hablamos de soledad subjetiva, nos estamos refiriendo a una nueva relación del sujeto con su objeto plus de gozar, y, por lo tanto un nuevo modo de establecer vínculos sociales. ¿Qué más se puede decir sobre esta soledad subjetiva?

Rosa Navarro: G. Belaga, en este párrafo, cita el texto: la "Teoría de Torino acerca del sujeto de la Escuela" de J.-A.Miller, quien añade: "Este es el deseo de Lacan. De él deriva la Escuela".
El deseo del analista es (como dice Lacan en el último párrafo del Seminario 11) el deseo de obtener la diferencia absoluta. Es una diferencia no relativa, es decir, no saturada por la función fálica.
En su Curso: "Cosas de finura", J.-A.Miller aclara esa "diferencia absoluta". Es "lo más singular de eso que constituye el ser de cada uno". Se trata de cernir y asumir eso que a cada uno le diferencia como tal: "yo soy eso". Añade que esa diferencia siempre está "enganchada en una porquería que se atrapó en el discurso del Otro" y de la que no se quiere saber nada: el objeto a.
El deseo del analista apunta, entonces, a obtener eso que del goce es imposible de simbolizar. La diferencia absoluta remite a lo irreductible del goce y al límite del saber. Es el Uno solo de la marca del goce en el cuerpo. Es la diferencia absoluta del sínthoma.
En ese mismo curso, J.-A.Miller define al analista como "un sujeto que ha percibido su modo de gozar como absolutamente singular, que ha tomado su goce en tanto está fuera de sentido". Su goce Uno, que le remite a la soledad del Uno.
La soledad no es el aislamiento. Se trata de pasar, al final del análisis, de la soledad del fantasma a la soledad del síntoma.
La soledad del fantasma es una "falsa soledad" en tanto que el sujeto está aún en relación con el objeto de su fantasma, que tapona el agujero de la inexistencia de la relación sexual, y por tanto, en relación con el Otro. El sujeto sigue instalado en el mismo goce. Es la soledad que tiene que ver con el aislamiento, el rechazo o el abandono y que conlleva un goce.
Mediante el análisis se trata, justamente, de construir una nueva soledad menos precaria, a partir de la cual se puede romper el aislamiento.
Paradójicamente, el sujeto encuentra una salida a esa soledad "cargada de goce" por medio de la separación con el Otro, que se revela inexistente; de la emergencia del objeto a, que localiza un vacío, una nada; de la experiencia privada del ser de goce que atraviesa. Ahí donde se localiza su diferencia absoluta.
Tiene lugar una modificación de una soledad que sería exclusión del Otro a una soledad que es separación del Otro y que verifica su inexistencia.
Es la soledad que surge del vacío mismo y que implica una relación con S de A (tachada).
Los efectos del acceso a una "soledad real" no se juegan de antemano. Eso puede dar lugar a un dolor profundo, a un saldo cínico o a cierto entusiasmo.
La cuestión es cómo un sujeto, después de acceder a la soledad del Uno, consigue una reinmersión en el Otro, en el espacio público; esto es, encuentra un lugar donde alojar su soledad.
Lacan puso como ejemplo de saldo cínico a Diógenes cuya posición es gozar de la soledad, encerrado en su tonel, y propuso una vía para los analistas: la de establecer una relación con la causa analítica. La transferencia de trabajo, que se aloja en la Escuela.
La característica de la Escuela es que siendo una "formación colectiva" se funda en la soledad subjetiva.
Se trata de que, al final de un análisis, el deseo de saber perdure, pero dirigiéndose a otros lugares tal que la Escuela no-toda, al no saber de la Escuela, a lo real de la Escuela.
Como testimonian los AE, la posición del analista es aquella que, sosteniéndose en su soledad, sostiene un deseo de saber; saber algo más, teniendo en cuenta el no saber de lo real.
Después de un análisis, uno se implica en la Escuela con su sínthoma, con la diferencia absoluta del sínthoma.
A partir del momento en que uno ha tenido acceso a una imposibilidad de saber; saber que no se puede comunicar ni intercambiar, solo se puede estar en la Escuela a partir de la "soledad compartida".

 

* 13 de Enero de 2011

** Psicoanalista miembro de ELP del campo freudiano, AME, Licenciada en Psicología.
Fuente: http://www.blogelp.com/index.php/hacia_la_xi_conversacion_clinica_del_icf_4

*** Psicoanalista miembro de ELP del campo freudiano, AME, Psicóloga, Docente del NUCEP, ICF.
Fuente:http://www.blogelp.com/index.php/hacia_la_xi_conversacion_clinica_del_icf_4

**** Psicoanalista miembro de ELP del campo freudiano, AME. Doctora en Psicología. Psicóloga en el Centro Médico-Psicopedagógico de Beaumont.
Fuente: http://www.blogelp.com/index.php/hacia_la_xi_conversacion_clinica_del_icf

 
 
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