Varité | Mayo 2013Ver ediciones anteriores
 
Entrevista a Mauricio Tarrab *
La insistencia del trauma
por Viviana Berger

V: Hoy día se han incorporado al discurso social términos técnicos de nuestra disciplina que, en cierta medida, quedan banalizados con sentidos y significaciones ajenas a su origen y que nos convocan, entonces, a precisarlos. Esto pasa, por ejemplo, en relación al concepto de trauma. ¿Cuál es la relación para el psicoanálisis entre "lo traumático" y los acontecimientos de la realidad?

MT: Es un hecho que la realidad proclama al trauma como un protagonista de la actualidad. Se podría decir que hay una pareja famosa en los diarios de la mañana y en los noticieros de la noche: la pareja que forman el trauma y la catástrofe. Y es interesante ver como son convocados los psy de todo tipo a hacer algo con esa pareja y con su hija dilecta: la angustia.

Una clínica de la urgencia subjetiva, no puede ignorar los acontecimientos de la realidad, pero no por eso debe dejarse arrastrar en sus respuestas por ellos, ni adoptar las significaciones que son propuestas en la actualidad, ni ceder sobre sus propios conceptos. Efectivamente la actualidad ha tomado para sus propios fines, conceptos que el psicoanálisis ha instalado en el discurso social.

V: Entonces, precisemos, porque estamos frente a un concepto muy vasto que aún está en revisión... ¿cómo se entiende el "trauma" desde el psicoanálisis?

MT: Los analistas desde Freud hasta aquí tenemos una idea de lo traumático que no necesariamente coincide con lo dramático, lo trágico, lo violento, lo desgarrador, etc etc.

Hemos sido enseñados por la clínica que eso que llamamos "traumático", eso que cambia una vida de un solo golpe a veces y que va por lo general acompañado del estupor o de la angustia, puede irrumpir por supuesto a partir de situaciones terribles a las que estamos expuestos en la vida cotidiana, pero también sabemos que esa no es una condición para que un acontecimiento sea un trauma. No es necesaria la guerra, el terror para que un sujeto se vea expuesto a algo que traumatiza su existencia. Hay episodios mínimos, menores, intrascendentes, pero que serán decisivos porque el sujeto se encuentra allí con algo inesperado, rechazado o que ignora que conmueve profunda y bruscamente su vida. La clínica psicoanalítica enseña cuán traumático pueden ser un sonido preciso, el rostro de un desconocido, el relato de una historia cruel o de una historia intrascendente, una música estridente o un murmullo, un comentario de un amigo, o su desprecio, la mirada triste de alguien, un recuerdo, la visión de algo inesperado o la imagen de un sueño… lo que tiene ese valor de trauma nos despierta implacablemente, y puede ser algo, casi nada, que nos toca y a partir de allí irrumpe insoportable, incomprensible, algo a lo que aquel que lo sufre no puede encontrarle ningún sentido.

Algo esperaba allí al sujeto y el sujeto no lo sabía, solo sabe que está concernido profundamente por ese sentimiento, que debe hacer algo con eso, que eso que siente le agarra las tripas, le hace marchar intensamente el corazón, le hace pensar cosas insensatas, es decir que invade tanto su cuerpo como su pensamiento. Tanto el estupor como la angustia son efectos y respuestas al trauma. El primero, muestra que la detención de las respuestas elaborativas del sujeto, implican que el aparato que le ha permitido hasta allí dar sentido a las cosas se ha detenido, o que su funcionamiento se encuentra perturbado. La segunda, la angustia, es la certeza de que se debe encontrar una solución, que se la debe encontrar ya y que se sabe que no se sabe cuál es esa solución.

V: ¿Qué relación podemos establecer, entonces, entre el trauma y lo real?

MT: Para J. Lacan el trauma es el primer nombre que adquirió en la historia del psicoanálisis la función de la tyché, del encuentro con lo real.

"…en el origen de la experiencia analítica,lo real se ha presentado bajo la forma de lo inasimilable –bajo la forma del trauma […] el trauma es concebido como algo que ha de ser taponado por la homeostasis subjetivante que orienta todo el funcionamiento definido por el principio del placer.

Son los términos del Seminario XI en que Lacan empieza a trabajar el trauma como un nombre de lo real, situándolo como lo inasimilable al campo del principio del placer, mostrando que el trauma no viene de "la realidad" sino que es eso que irrumpe como extraño al funcionamiento de esa "homeostasis subjetivante" que hoy llamaríamos, con el último Lacan, el campo del sentido.

El trauma es el fuera de sentido por excelencia, y su insistencia, la insistencia del trauma es el viejo nombre, un nombre mucho más sabio por cierto que el actualmente famoso stress post-traumático, ese que se quiere evitar a toda costa haciendo hablar al sujeto traumatizado. No vamos a discutir a esta altura los beneficios de "hacer hablar", pero sabemos que en la superación de un trauma no basta la via elaborativa. Menos aún si se confunde, como se lo hace en los hechos, elaboración con racionalización.

Si queremos superar la ingenuidadcon la que socialmente se afronta la cuestión, debemos desplazar nuestro interés desde la realidad del trauma a la insistencia del trauma, para indicar que lo inasimilable, el fuera de sentido, está allí como encuentro inédito, pero también porque siempre ha estado allí y retorna en ese encuentro perturbador. Es la insistencia del trauma que en el seno mismo de los procesos primarios no se deja olvidar[1].

Es entonces imprescindible al lado del presente del acontecimiento y el accidente, tomar una persepctiva que incluya que el trauma mismo es ineliminable en la constitución de la vida subjetiva. Eso permite situar las coordenadas de ese punto del que han emergido las respuestas que se formularían en términos de fantasma o de síntoma y alrededor del cual se organizó una vida.

Freud y Lacan han enseñado la importancia de considerar en las determinaciones subjetivas, aquello que espera al sujeto en su advenimiento como sujeto, esos laberintos del linaje alrededor de los que girará su destino. Lacan por su parte insistió en la importancia de los pensamientos que rodearon la concepción del niño. Es aquello que esperaba al niño en términos de deseo del Otro, tanto del lado del cocodrilo materno como en términos de père-versión, que es de donde surgirían las modalidades de sus respuestas. Pero entre lo que espera al niño, y la respuesta que éste da hay una decisión insondable. Al lado de lo que espera al sujeto en términos de determinación o de fortuna hay una decisión que se toma. Una decisión que se toma a la orilla de lo que traumatiza al sujeto y que le concierne al sujeto.

A veces es una decisión implacable, irrevocable y con la que no se puede vivir. Una decisión inquebrantable de cuya huella el sujeto, si hace un análisis puede tener la chance de ponerse un poco al lado. En fin, una decisión que marca un destino. Lacan desplaza tempranamente la causalidad, hacia "esa insondable decisión del ser" que incide en fijar las determinaciones del drama subjetivo.

De esa "insondable decisión" se deriva entonces una frontera conceptual. Una frontera que deja de un lado el determinismo freudiano –ese determinismo exhaustivo que Freud construye y que termina en el agujero del trauma, y en cuyo límite Freud pone lo insondable en la cuenta de lo Disposicional.

Del otro lado, la causalidad lacaniana incluye una causalidad que al poner en juego una decisión del ser, incluye lo imprevisto, lo excepcional, lo incomparable de cada uno. Hay entonces determinación, hay encuentro con lo real, hay trauma, pero hay también una insondable decisión.

V:Es muy interesante… porque no es lo mismo tratar el trauma entendiéndolo como el causante de los síntomas, del sufrimiento, que saberlo estructural – y en tanto tal, ineliminable … ¿Cuál es, entonces, el tratamiento para el "trauma" que propone el psicoanálisis? Porque desde esta perspectiva, memoria y olvido ya no alcanzarían…

MT: Las conceptualizaciones psicoanalíticas orientan hacia una perspectiva que explorara la relación entre trauma y decisión. Porque al borde del agujero que el trauma produce, no se trata solo de alentar decididamente la elaboración, la reconstrucción del Otro que se ha perdido, y que hay que obtener para producir la invención de un camino nuevo. Se trata también de situar el tiempo de la decisión que el sujeto habrá de tomar, que tiene la oportunidad de tomar, al borde de ese abismo. Es su oportunidad y es la evidencia de que frente al trauma se trata también de acto e inscripción.

Es esta, a mi juicio la diferencia entre tratar la urgencia y el trauma por el psicoanálisis o psicologizarlos.

* AME (Analista Miembro de la Escuela) de la EOL (Escuela de la Orientación Lacaniana) y de la AMP (Asociación Mundial de Psicoanálisis). AE (Analista de la Escuela) en 2006. Presidente de la Escuela de la Orientación Lacaniana en 2011. Actual Secretario del Consejo de la Asociación Mundial de Psicoanálisis. Fundador de TYA, Red internacional de Toxicomanía y Alcoholismo. Autor de "En las huellas del síntoma" y "La fuga del sentido y la práctica analítica" (Grama ediciones) y múltiples artículos en libros y publicaciones extranjeras. Practica el Psicoanálisis en Buenos Aires, Argentina.


  1. J.Lacan Semianrio XI pag. 63 Paidos Buenos Aires 1986