"Pienso que un psicoanalista sólo tiene derecho a sacar una ventaja de su posición, aunque ésta por tanto le sea reconocida como tal: la de recordar que en su materia, el artista siempre le lleva la delantera, y que no tiene por qué hacer de psicólogo donde el artista le desbroza el camino.
Reconozco esto en el rapto de Lol V Stein en el que Marguerite Duras evidencia saber sin mí lo que yo enseño.
Con lo cual no perjudico su genio al apoyar mi crítica en la virtud de sus recursos. Que la práctica de la letra converja con el uso del inconsciente, es lo único de lo que quiero dar fe al rendirle homenaje".
Así se expresa Jacques Lacan en su Homenaje a Marguerite Duras [*], a quien se negó a aceptar en el dispositivo analítico a pesar de la petición de la escritora. Sus razones: Lacan reconoció en ella un saber hacer por sí sola con su síntoma, a partir de su arte de escribir, que consideró no debía ser interferido por el saber psicoanalítico. Puntualmente, le dijo: "No debe saber que ha escrito lo que ha escrito, porque se perdería y significaría una catástrofe". Según transmite Duras en su libro Escribir [**], esa frase la dejó estupefacta y se convirtió en "una especie de identidad esencial, de un derecho absolutamente ignorado por las mujeres". ? Al respecto y sólo a modo de comentario, es muy interesante ubicar cómo el acto ético del analista alcanza efectos duraderos en el sujeto, aunque ello no signifique una entrada en el análisis.
Como vemos, los psicoanalistas y los escritores compartimos un mismo instrumento: ambos trabajamos con la lengua. Nos ocupamos del discurso, de los textos. Nos dedicamos a los sentidos y las significaciones.
Según Jean Paul Sartre toda literatura debe tener su autor, quien - según nos afirma Lacan, logra hacer uso de su inconsciente y plasmar con su genio la letra de su texto. Los psicoanalistas, desde nuestra perspectiva, también experimentamos con el lenguaje pero a través de una experiencia particular con la escritura y la palabra, que refiere a un Otro desde el cual retorna el propio mensaje de forma invertida, que promueve en el sujeto un trabajo de análisis.
Por lo cual, cabe la siguiente pregunta: si el escritor mediante su escritura escribe aquello que en el inconsciente del autor no puede escribirse, ¿qué diferencia entonces hay, entre el arte de escribir y un tratamiento psicoanalítico? ¿Podemos pensar asimismo, que un psicoanálisis estorbaría la capacidad del artista con la conciencia de ser en un objeto que el artista por sí mismo recupera con su arte?, como ubica Lacan en el caso de Marguerite Duras. ¿Puede ello universalizarse? Ó más bien, a partir de la confrontación con la grieta del inconsciente, ¿el psicoanálisis también hace surgir un escritor?
A propósito de ello, conformamos esta Varité con un texto de Guillermo Belaga [***], El síntoma como una metáfora del arte (publicado en la Revista Digital Virtualia #20), donde el autor desarrolla el concepto de sublimación, e indaga sobre la creación y el arte, el síntoma y el recorrido de un análisis.
Asimismo, conversamos con nuestro colega de la NEL-Caracas, Johnny Gavlovski, dramaturgo y psicoanalista, quien en un diálogo sincero nos transmite acerca de su vivencia entre el psicoanálisis y el arte, aportándonos de alguna manera, su respuesta singular a estas preguntas a partir de su propia experiencia subjetiva.
Es particularmente interesante el punto del enfrentamiento entre el psicoanálisis y el arte con el que finaliza su primer análisis, y la vuelta que encuentra a partir de su última experiencia analítica lacaniana, para alojar a ambos en un espacio. En este punto - nos dice, la brújula fue la comprensión del mundo Borromeo.
Lacan, muy poéticamente, en el mismo texto que he citado, escribe: "las bodas taciturnas de la vida vacía con el objeto indescriptible".
En el caso del escritor, escribir desde un vacío, escritura en la que deposita a partir de lo vivido el vacío por él dejado.
En el caso del analizante, la apuesta está guiada por una ética, que conlleva la escritura de un estilo de vida, y cuya narración está orientada hacia la caída de la creencia de la obra misma.
Viviana Berger |