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Abril 2011
Sobre mujeres, madres y niños

En México, los meses de marzo, abril y mayo incluyen tres celebraciones que son universales en el mundo: el día internacional de la mujer, el día del niño, y el día de la madre, respectivamente. Resulta curioso que queda constituido así también en nuestro calendario, El niño, entre la mujer y la madre, al igual que el título de la ponencia de Jacques Alain Miller, que les hacemos llegar en esta Varité, conjuntamente con un trabajo de Silvia Elena Tendlarz*, Lo que una madre transmite como mujer. Textos que iluminan algunas cuestiones a propósito de estos temas tan fundamentales que, además, nos encontramos trabajando en El cine, la ciudad y el psicoanálisis, cuyo eje actual es Sobre madres e hijas.

Es sabido que el psicoanálisis ha echado por tierra la teoría de los instintos. A partir de la conceptualización de que el sujeto está determinado por el lenguaje - desde el momento en que hablamos -, la "naturalidad" queda perdida. Con los descubrimientos freudianos, la sexualidad ya no puede agotarse en la reproducción y la descarga instintual. No se trata de instintos, se trata de pulsiones – dice Freud. Ahora bien, así como el concepto de pulsión trasciende la condición de los instintos, respecto de la identidad sexual podemos decir que ésta tampoco encuentra una definición conforme a los datos biológicos del género. Hombre / Mujer no resultan así pues equivalentes al macho / hembra de los animales.

Entonces, retomando nuestro tema, si no hay instintos para el ser humano, pues tampoco podemos suponer un "instinto maternal". Así las cosas, forzosamente, nos surge la pregunta ¿qué es ser madre para el psicoanálisis?

En el texto de Silvia Tendlarz encontramos una minuciosa puntuación que recorre los distintos momentos de la conceptualización de Lacan, en la que de manera muy suscinta y clara desarrolla los aspectos teóricos más fundamentales, pero que en cierto modo convergen en la frase del título de su trabajo.

Por otra parte, Jacques Alain Miller ubica en su texto al niño en un espacio de "división". Introduce ya desde el principio: el niño, "entre" la mujer y la madre. Y subraya en el final: "¿qué es lo que quiero que se recuerde de mi intervención? Que está bien, que es bueno que el deseo esté dividido, que el objeto no sea único. En segundo lugar, que el deseo no puede ser anónimo, ni universal, ni puro; no puede ser el deseo del "se desea", ni el de Dios, ni el del pueblo, si el sujeto se ha de transmitir a través de las generaciones".

Al respecto, Silvia Tendlarz, habla de una transmisión, que se subjetiviza en el niño en su inclusión en una estructura clínica. Esa transmisión habla de la madre – que como sujeto, también atravesada por la falta, está implicada en tanto tal desde su posición como mujer. Dice en el texto "la posición de una mujer respecto a la falta determina su modo de amar y su transmisión de la castración. Así, la "coyuntura dramática" en la que se incluye la maternidad en cada mujer, las particularidades de su historia, intervienen en su transmisión de la falta y en su incidencia en la subjetividad del niño".

Hemos visto en los films – pero no por ello, algo distinto de lo que se escucha en el consultorio y de lo que sucede en la vida diaria de la relación madre/hijo, y especialmente madre/hija – cómo la condición sin límite de la demanda de amor de la mujer, particulariza el vínculo con su partenaire bajo la modalidad del estrago. El estrago femenino resulta así la otra cara del amor, que vuelve como un síntoma de índice infinito tanto con su pareja amorosa como con el hijo.

Tenemos la advertencia de Jacques Alain Miller, "es bueno que el niño no colme del todo el deseo de la madre". Claro que un hijo aporta restitución narcisista, y satisfacción. Pero el amor materno por su estructura misma, puede llegar perversamente hasta la fetichización del objeto infantil - lo cual tiene sus consecuencias subjetivas.

Si bien el hijo tiene valor como sustituto fálico, podemos decir que, en la medida en que no haya quedado fijado como objeto del fantasma de la madre (y esto es gracias a la operación de la función del padre), dispone de una "movilidad" que resultará vital. "El niño, por su parte, está animado" - dice Miller -, y en tanto tal, no sólo colma sino que entonces, también, divide; lo cual le abre un margen para otras posibilidades.

Luego, habrá que ver cómo el Otro materno se lleva con la castración –, pero esto es otro punto.

Viviana Berger


* Silvia Elena Tendlarz, Analista Miembro de la Escuela (AME) de la Orientación Lacaniana. Miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis (AMP). DEA y Doctorado en Psicoanálisis, Dpto. de Psicoanálisis, Universidad de París VIII.

 
El niño, entre la mujer y la madreEl niño, entre la mujer y la madre
por Jacques-Alain Miller
Lo que una madre transmite como mujerLo que una madre transmite como mujer
por Silvia Elena Tendlarz
 
 
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