¿Quién no ha fantaseado cuando niño, alguna vez, con fugarse del hogar? Quizás promovido por un deseo de causar la falta en el Otro; de verificar la medida de su amor; o de afirmar el lugar que se ocupa en el seno familiar. Sabemos que el campo de la fantasía es muy propicio para alojar el malestar y no sólo el infantil.
Sin embargo, llama mucho la atención que en el nuevo siglo, en todos los países, se haya incrementado notablemente el número de niños y adolescentes que efectivamente faltan de sus casas. Las cifras son alarmantes. Por ejemplo, en Brasil desaparecen 40 mil niños y adolescentes por año. Expulsados por sus propios padres; algunos secuestrados; pero la mayoría, huyendo del maltrato parental.
Es evidente que, si bien por un lado - como decía Eric Laurent en su conferencia en Brasil 2008 - están las pasiones y los delirios familiares que rodean a los niños, no debemos perder de vista que detrás de esa locura, lo que está funcionando son las pasiones mortíferas de la contemporaneidad. La cuestión, entonces, nos obliga a repensar cómo se posiciona el psicoanálisis frente a esta realidad del nuevo siglo, no sólo con las herramientas teóricas que contamos sino también desde nuestra práctica.
A propósito de ello, resulta muy pertinente el trabajo que presentara nuestra colega de Brasil, Claudia Fígaro-García* en el último Enapol en Río de Janeiro. Texto que transmite, con mucha honestidad, respecto de su experiencia en el proyecto Camino de Vuelta (www.caminhodevolta.fm.usp.br), que se desarrolla desde el año 2004 en la Facultad de Medicina de la Universidad de São Paulo, y que tiene la finalidad de recuperar niños y adolescentes desaparecidos.
El caso que allí relata enseña cómo en dichos contextos la función del analista, muchas veces, se ve contaminada por el afán de la investigación y los criterios de eficiencia y eficacia de los imperativos institucionales, "transformando la escucha en sordera analítica" tal el decir de C. Figaro-Garcia. El desafío parece ser "
sostener el lugar de analista en la interfaz con el discurso universitario y de cómo ejercer el psicoanálisis sin caer en la psicoterapia".
En este sentido, hemos dialogado con Piedad Ortega de Spurrier** presidenta de nuestra Escuela -, quien cuenta con una vasta experiencia de trabajo en instituciones que atienden temáticas de la infancia. Nos recuerda en la entrevista que "no estamos obligados a sumarnos a ese imaginario" y además refuerza la apuesta no sólo de introducir la categoría del sujeto en el "usuario" sino incluso, "incidir hasta en la formulación de los informes que nos son requeridos, y para poder hacer un cálculo sobre el deseo que habita en aquéllos que los demandan".
Acompañamos finalmente, esta Varité con un texto suyo sobre "El psicoanálisis, la familia y la educación", en el que la autora sitúa con gran claridad el valor de la función simbólica de la familia en la estructuración de la vida de un niño; la situación actual de los niños y adolescentes en tanto objetos de mercado en un mundo globalizado; el lugar que las instituciones educativas adquieren en este contexto, y las dificultades que enfrentan.
Determinados, entonces, por un orden simbólico que alienta más la objetalización del sujeto que su estatuto de ser hablante, los analistas nos vemos comprometidos, más aún, a saber reconocer y alojar al sujeto contemporáneo con sus singulares modalidades para crear sus propias ficciones sobre el Otro y hacer oír su condición.
P. Spurrier dice en su texto: "Estas características comunes en los núcleos familiares de hoy, son productoras de una serie de síntomas en los niños y adolescentes en el intento de responder a lo que a cada cual le resulta imposible de tolerar". A su vez, C. Figaro-Garcia también interpretala fuga de la casa como "un síntoma; y en algunos casos, una manera del adolescente de posicionarse como sujeto, de hacer valer su deseo". La dificultad de la paradoja con la que nos confrontamos es que, en este caso, la modalidad del sujeto para hacerse aparecer es bajo la forma de su desaparición.
En la República Checa han implementado el "Día de nomeolvides", con motivo del Día Internacional de los Niños Desaparecidos. En este "Día de nomeolvides" se emprende una colecta pública durante toda la semana (ofreciendo una pequeña placa con el dibujo de esa flor), cuyos fondos se destinan a la fundación "Teléfono para la protección infantil".
Evidentemente, somos muchos los que, desde los diversos campos, compartimos la preocupación por los destinos que determina la contemporaneidad. En este sentido, podemos afirmar que, a su vez, nosotros, los analistas, también hemos devenido "nomeolvides" de la dimensión subjetiva, en los días del nuevo orden simbólico del siglo XXI.
Viviana Berger
* Doutora em psicologia clínica pelo Instituto de Psicologia da Universidade de São Paulo, psicanalista membro da CLIPP Clínica Lacaniana de Atendimento e Pesquisa em Psicanálise associada ao Instituto de Campo Freudiano de São Paulo, responsável pelo eixo clínico do Projeto Caminho de Volta da Faculdade de Medicina da USP Brasil. Email figarcia@usp.br
** Psicoanalista, miembro de la Asociación Mundial de Psicoanálisis, miembro de la NEL Guayaquil. |