GLIFOS
REVISTA VIRTUAL DE LA NEL-CIUDAD DE MÉXICO | Nro. 10 - AGOSTO 2018
 

II COLOQUIO SEMINARIO INTERNACIONAL 2018: LA DIRECCIÓN DE LA CURA HOY
PERSPECTIVA DEL CONCEPTO

Ciudad de México, 2 de junio 2018

¿Cómo y qué interpretamos hoy?
Carolina Puchet Dutrénit

He elegido, entre los cuatro textos que nos ha sugerido Domenico Cosenza para este coloquio-seminario, tomar un párrafo de El inconsciente y el cuerpo hablante, argumento presentado por Jaques Alain Miller, al final del congreso de la AMP en el 2014. La razón de esta elección tiene que ver con el título que nos convoca, "La dirección de la cura, hoy". En este texto, Miller plantea que el psicoanálisis cambia, eso es un hecho, y propone como brújula para trabajar en el siguiente congreso (2016), la sustitución que hace Lacan del inconsciente freudiano al parlêtre. Dirá que esto nos enseña aquello que debemos tomar en cuenta sobre lo que ha cambiado en el siglo XXI, con respecto al orden simbólico y lo real. Si sabemos que las cosas cambian, entonces, ¿cómo trabajamos hoy? ¿Qué sujetos escuchamos en el consultorio en esta época? ¿Cómo dirigimos las curas? ¿Cómo y qué interpretamos, hoy?. Preguntas para las que encontramos ciertas respuestas en este texto.

Comenzaré por lo que entiendo es la disciplina del comentario, el párrafo que he escogido es el siguiente:

La interpretación no es un fragmento de construcción que apunta a un elemento aislado de la represión, como pretendía Freud. No es la elucubración de un saber. Tampoco es un efecto de verdad absorbido enseguida por la sucesión de las mentiras. La interpretación es un decir que apunta al cuerpo hablante, y para producir un acontecimiento, para llegar a las tripas, decía Lacan – eso no se anticipa, sino que se verifica con efecto retroactivo (après coup), porque el efecto de goce es incalculable. Todo lo que el análisis puede hacer es concordar con la pulsación del cuerpo hablante para insinuarse en el síntoma. Cuando se analiza el inconsciente, el sentido de la interpretación es la verdad. Cuando se analiza el parlêtre, el cuerpo hablante, el sentido de la interpretación es el goce. Este desplazamiento de la verdad al goce da la medida de aquello en lo que se convierte la práctica analítica en la era del parlêtre.

Iré trabajando los enunciados que he decidido juntar para ir explicando poco a poco lo que he podido aprehender del párrafo.

La interpretación no es un fragmento de construcción que apunta a un elemento aislado de la represión, como pretendía Freud. No es la elucubración de un saber. Tampoco es un efecto de verdad absorbido enseguida por la sucesión de las mentiras.

Lacan, nos propone en su última enseñanza un modo de entender y hacer con la interpretación más allá del sentido. Más allá del "inconsciente estructurado como un lenguaje" y más allá de lo que Freud propone como interpretación, aquello reprimido inconsciente que eventualmente podrá hacerse consciente. Es en este sentido que, Miller plantea en este párrafo que la interpretación no apunta a que el sujeto elabore un saber sobre lo reprimido porque sabemos que eso aparecerá como una verdad mentirosa.

La interpretación es un decir que apunta al cuerpo hablante, y para producir un acontecimiento, para llegar a las tripas, decía Lacan – eso no se anticipa, sino que se verifica con efecto retroactivo ( après coup), porque el efecto de goce es incalculable.

Si no apunta al sentido, entonces ¿a qué apunta la interpretación? En la última enseñanza, Lacan se orientó por lo real, por el goce del sujeto, y hacia ahí es que la interpretación debería estar orientada. El cuerpo hablante es esa dimensión del sujeto que nos enseña cómo el parletre goza de y en su cuerpo. Poder decir algo sobre eso, nunca es sencillo porque el goce es silencioso en palabras. Entonces, ¿cómo poder tocarlo si no es desde lo simbólico, desde el sentido? Miller plantea que producir un acontecimiento, que eso hable, para llegar a lo que él nombra las tripas, no es algo que pueda calcularse, que se pueda predecir. Tocar el goce y conocer el efecto, siempre será algo que podamos verificar après coup, es decir, una vez podamos comprobar que algo ahí sucedió.

Todo lo que el análisis puede hacer es concordar con la pulsación del cuerpo hablante para insinuarse en el síntoma.

Si el cuerpo hablante está divido en cuanto a su goce y si algo de este goce es silencioso en palabras, el modo que tenemos para pesquisarlo es a través del síntoma. El síntoma que cómo sabemos siempre toca algo del cuerpo, y es algo de lo que el sujeto se queja y dice.

Cuando se analiza el inconsciente, el sentido de la interpretación es la verdad. Cuando se analiza el parlêtre, el cuerpo hablante, el sentido de la interpretación es el goce. Este desplazamiento de la verdad al goce da la medida de aquello en lo que se convierte la práctica analítica en la era del parlêtre.

¿Qué analizamos hoy? Miller hace una distinción entre hacía donde debería ir la interpretación, si lo que estamos analizando es el inconsciente o el parlêtre. Dos momentos en la enseñanza de Lacan. La interpretación pensada desde el inconsciente apuntaría a la verdad, la del sujeto del inconsciente que siempre es dicha a medias, es decir, pasando por la cadena de significantes desde donde el analista recorta algunos. La interpretación pensada desde el parlêtre, está orientada por lo real. Es decir, tiene que considerar que el parlêtre tiene que arreglárselas con un cuerpo que no es sólo imaginario, como lo pensaba Lacan al comienzo de su enseñanza. El cuerpo hablante goza de la palabra y goza del cuerpo. Goza de sí mismo y al mismo tiempo goza de un goce que aísla y reparte. No todo puede ser dicho de ese goce, no todo es goce fálico. Los practicantes del psicoanálisis hoy no pueden quedar al margen de este desplazamiento de la verdad al goce.