GLIFOS
REVISTA VIRTUAL DE LA NEL-CIUDAD DE MÉXICO | Nro. 10 - AGOSTO 2018
 

NOCHE DE ESCUELA: ¿Cómo habitamos la Escuela?
Ciudad de México, 4 de julio de 2018

Deseo de Escuela
Marcela Almanza

Que el título de esta Noche de Escuela surja de una reunión de miembros en la que conversamos animadamente sobre la posibilidad de retomar estos espacios, constituye un punto de partida importante que sin lugar a dudas contribuye a revitalizar nuestros lazos.

Me complace, además, que el título se presente bajo la modalidad de una pregunta, porque eso nos convoca a elaborar una respuesta desde un plano subjetivo, analíticamente, pues habitar la Escuela no es un hecho dado sino algo que se construye cada vez y sin garantía, ya que no hay modo de habitarla si no es bajo transferencia.

Podemos habitar este salón físicamente, tener preferencia por algún que otro rincón, por una silla o por otra, pero habitar la Escuela en términos analíticos, es otra cosa…

Sabemos que la Escuela, como experiencia inaugural, introduce una forma asociativa inédita donde, en lugar de tener una sociedad vinculada a una tradición, a un saber formal instituido de antemano con respecto a lo que es un analista, lo que tenemos en su centro es un no saber irreductible -que escribimos S(Ⱥ)- un agujero central.

Este dato tan peculiar ya nos anticipa que, la Escuela concebida de este modo, está habitada de entrada por la inconsistencia, por un real ineliminable, pues no sabemos qué es un analista.

Desde esta perspectiva, y concernidos por la experiencia analizante, se trata de que ese agujero en el saber nunca se colme, sino que más bien funcione operativamente en cada uno de nosotros provocando una posición activa y responsable donde el habitar no quede emparentado imaginariamente a propósitos, buenas intenciones o ideales sino más bien a nuestros actos, para que sea un trazo analítico el que se desprenda y deje marca desde nuestro modo singular de habitar la Escuela.

Considero que se trata de la convocatoria a una elaboración permanente y nunca acabada en torno a esa inconsistencia, allí donde se necesita de la puesta en acto de una enunciación deseante, que se verifique por el esfuerzo de interrogar el estatuto del Otro.

En esa vía, habitar la Escuela, está inevitablemente asociado a la experiencia analítica y a la relación que cada uno de sus habitantes mantiene con su inconsciente.

Al menos esa fue y sigue siendo mi experiencia desde hace muchos años, desde el momento a partir del cual me enteré que existía algo que en el medio psicoanalítico -por llamarlo de alguna manera- empezaba a sonar bajo el significante Escuela.

A lo largo de ese trayecto temporal, que visto desde este ángulo solo podría indicar el paso de unos cuantos años, se fue inscribiendo progresivamente un trayecto analítico que pasó por diferentes momentos e incluso diversas experiencias. Pero el significante Escuela siempre estuvo ahí, produciendo cuantiosas resonancias, pues nunca dudé de seguirla habitando a mi manera, seguramente con mi síntoma, con mi fantasma, pero también por supuesto con mi deseo.

Podría decir entonces que, el habitar la Escuela estuvo siempre presente, incluso desde antes de que aquella Escuela se fundara en enero de 1992. Los ecos del movimiento hacia la Escuela yame habían alcanzado y fue desde allí que surgió lo que me atrajo: hasta ese momento, había escuchado cuestiones que causaban vivamente mi interés y era que había analistas que deseaban algo diferente a la pertenencia a un grupo, a una sociedad y a otras formas que en Buenos Aires ya existían desde tiempo atrás. Se deseaba la fundación de la Escuela. Y, como el deseo es el deseo del Otro, hubo algo que me resultó agalmático de ese movimiento y quise saber un poco más...

La vía del cartel, totalmente novedosa para mi incipiente formación, me abrió las puertas a una experiencia inédita y fue lo que permitió articularme a algunos otros que me animaron decididamente sin solicitar credenciales, currículum o algún antecedente específico y que, además, no desestimaba a los jóvenes, sino que más bien los alojaba con entusiasmo y confianza bajo una consigna implícita "¡al trabajo!".

Resalto una marca importante de ese acercamiento, que hoy puedo nombrar como un acontecimiento, el de esa inmersión inicial en la Escuela que para mí sigue teniendo toda su vigencia: la Escuela lee, interpreta y causa.

Marca que posibilitó pasar del anonimato inicial a un trabajo encausado que decantó en la solicitud de ingresar como adherente y posteriormente como miembro.

Pasados los años, cambio de país y el encuentro con los vivificantes lazos con la NEL, hicieron que el deseo de habitar la Escuela siguiera en pie, funcionando como causa y provocando una vez más, el querer continuar en esa senda…

¡De la mano de la experiencia analítica, nuevamente, se relanza el deseo de volver a trabajar con otros!

En este punto, podría decir que solo en la medida en que se consiente a transitar un trayecto analítico es posible inscribir subjetivamente un trayecto en la vida de Escuela y que solo así, los títulos que otorga la Escuela y el pasaje por ciertas instancias, no pasarán a ser letra muerta sino un punto de inflexión para relanzar la apuesta por la causa.

Eso me lleva a decir, también desde mi propia experiencia, que el habitar la Escuela es indisociable de desearla.

Si la transferencia de trabajo es el soporte de la vida de Escuela habrá que dar cuenta de esto cada vez, y será la dimensión analizante que habita en cada uno de nosotros la que permitirá producir un anudamiento entre trabajo de la transferencia y transferencia de trabajo ya que estar advertidos de la extimidad que nos habita, será lo que nos permitirá responder de modo singular a la pregunta ¿Cómo habitamos la Escuela?