GLIFOS
REVISTA VIRTUAL DE LA NEL-CIUDAD DE MÉXICO | Nro. 10 - AGOSTO 2018
 

Décimas, portátil de una pequeña antología
Gabriel Roel

La pequeña voz del mundo llamó Diana Bellesi al discurso poético. Esa experiencia con la lengua que acontece en travesía con el significante donde su surfing insensato junto a los golpes de efecto dirimen las aguas de la constancia material, el sentido y sus tendidos. Una pregunta convocante reunirá a la Nueva Escuela Lacaniana del Campo Freudiano, nuestra Escuela, a sus décimas jornadas el próximo octubre, ¿Qué madres hoy? Cuatro poetas responden desde lo provisorio y lo portátil en esta décima Glifos virtual desde la singularidad de su escritura. Anne Talvaz, Ernesto Hernández Busto, Mirta Rosenberg y Gerardo Deniz. Cuatro piedras de toque, una traducción francófona del belga al español y tres en español de Latinoamérica [1].

*

COSAS QUE NO HAY QUE DECIR
Anne Talvaz

Éramos cuatro mosqueteras
(en la actualidad el uso permite decir «la mosquetera»)
que un día nos pusimos a charlar.
Una de nosotras estaba a punto de jubilarse
y la agobiaba la idea de las tareas domésticas, sobre todo las compras.
Otra fue al frente, como siempre,
para explicarle que con los supermercados que envían a domicilio
basta hacer las compras una vez al mes, llenar el carrito
y con eso una ya puede quedarse más o menos tranquila.
Y las mosqueteras siguieron conversando en ese tono, hasta que una de ellas
se tapó la boca con la mano y exclamó:
«¡Hay que ver! Entre mujeres, ¿y de qué hablamos?
De las tareas domésticas».
Se produjo un largo silencio de vergüenza.

Ya que es verdad que las tareas domésticas la cocina la limpieza y los críos
todo eso te reblandece la voluntad y el cerebro,
impide que te tomen en serio,
te cierra para siempre el camino de la psicología la filosofía
la filología la etología la etnología la etimología la ermenéutica
(¿se escribe sin H?) y la puajsía.

El resto me importa un carajo pero la puajsía...
Doy prueba de gran magnanimidad al emplear esa palabra:
puajsía, inventada por un tal Albert Cohen
que vino a arruinar mis dieciséis años vibrantes y ferozmente ambiciosos
decretando que las mujeres y especialmente las mujeres con mi aspecto físico
eran incapaces de escribir.
Pero no importa, el señor Cohen está muerto y en esa época
yo cultivaba la mansedumbre de los inocentes.

Me gusta cocinar. Adoro cocinar.
Un huevo cascado dentro de una sartén y que toma forma ante los ojos
en el aceite hirviendo, la química de los platos
que al principio parecen residuos en una olla
y que se transmutan poco a poco en obras maestras
de la invención humana (prefiero las recetas tradicionales
a las elucubraciones progresistas de los grandes chefs).
Y lavar la ropa, el placer de estirar la mano sin pensarlo para
elegir una prenda
precisamente porque antes pensamos en ella, el placer
de acurrucarse bajo el acolchado...

El acolchado. Un tema sensible. Por definición,
cuando alguien habla como yo ahora, es una «mal cogida».
Del amor como tranquilizante. No está mal como idea.

El abuso de tranquilizantes implica un aumento constante de la dosis
para lograr el mismo efecto. Eso no se les ocurrió.
Cuánto esfuerzo para lograr que una mal cogida se calle la boca
(además son todas feas y el Viagra cuesta carísimo).
Los hijos. Otro tema sensible. Hablar de los hijos
es prueba de falta de vigor intelectual, de inventiva,
de debilidad y de vulgaridad. Por acá, sin embargo, de hijos poco y nada
(de paso, quisiera hacerle llegar mi saludo a MD y su bebé),
¿dónde está entonces la vulgaridad? Aparte, el tema no le interesa a nadie.
Es algo que sabe todo el mundo...como si nadie hubiera tenido nunca un hijo,
y además, las historias de niños sólo sirven para los editores
de literatura para niños... ¿No será más bien
que el tema forma parte de los así llamados orígenes o consecuencias de la vida
que los pequeños boy scouts siempre listos para el asunto
no estarían del todo listos para encarar?

Ahora los dejo en paz. Después de todo,
tengo otra cosa que hacer en la vida y ya dije lo que tenía para decir.
Lo dije mal, lógicamente,
tengo la cabeza puesta en la cocina, el lavado
y los que me esperan en casa -los hombres,
el que hace progresar la química del plástico
(a la manera de un gran chef) y que por lo demás
observa, calmo y realista, la química del mundo-,
el hombre en ciernes que en su rincón de la mesa
crea cien universos por día, la boca grave y la mirada sombría,
esperando que la sociedad lo tome en serio.

Su padre y yo ya lo hicimos.
El resto del mundo lo hará forzosamente,
porque serás un hombre, hijo mío.

* *

EROS
Ernesto Hernández Busto

Como el arco y la cuerda.
No esa estúpida guerra de los sexos
donde hacemos la siesta
del viajero en el tren,
que al despertar le cuentan
todo lo que no vio.

* * *

Mirta Rosenberg

DICHOSO aquél, Safo querida,
que antes de morir puede decir con alegría
gasté todo el tesoro de los celos.
Sentarse a ser pobre.
Tener miedo.

* * * *

ARS MAGNA
Gerardo Deniz

Amar. Temer. Partir.
Vaya con esta Academia.
Siglos de malestar freudiano en tres paradigmas
concatenados y con tamaña lógica.
Todo lo que ocurra será de la trilogía
o será irregular:
Empir tartar amer
(va naciendo el mundo; comparece, sin ir más lejos,
la Zolotaya Orda);
meter Tamar parir
(esto ilumina brutal y telegráficamente la historia de
Georgia-
¿amó Rusthaveli, temió y tuvo por eso que partir
a los Santos Lugares?).
Silvan las pedradas. Es tarde.
Ramón Llull se despide.

NOTA DE CRÉDITOS

[1] Anne Talvaz (Bruselas, 1963) Poeta y traductora. Le rouge-gorge américain (La main courante, 1997), Imagines (Farrago, 2002), Entre deux mers (Librairie Sauramps, 2003), Panaches de mer, lithophytes et coquilles (Comp'Act, 2006). Confesiones de una gioconda y otros poemas. (Buenos Aires, Bajo la luna, 2008) Cosas que no hay que decir (Choses à ne pas diré) fue traducido por Mirta Rosenberg y Jaime Arrambide.

Ernesto Hernández Busto (La Habana, 1968) Poeta y traductor. Inventario de saldos (Colibrí, Madrid, 2005), La ruta natural (Vaso roto, 2015), Diario de Kioto (Cuadrivio, México, 2015), Muda (Practica Mortal, México, 2016).

Mirta Rosenberg (Rosario, 1951) Poeta y traductora. Pasajes (Libros de tierra firme, Bs. As., 1984), Madam (Libros de tierra firme, Bs. As., 1988), Teoría sentimental (Libros de tierra firme, Bs. As., 1994), El arte de perder (Bajo la luna, 1998), El árbol de las palabras, obra reunida 1984-2006 (Bajo la luna, Bs. As., 2006), El paisaje interior (Bajo la luna, Bs. As., 2012), El arte de perder y otros poemas (Pretextos, Valencia, 2015), Cuaderno de oficio (Bajo la luna, Bs. As., 2016), Bichos (Bajo la luna, Bs.As., 2017).

Gerardo Deniz (Madrid, 1934 - Ciudad de México, 2014) Adrede (Joaquín Mortíz, México, 1970), Gatuperio (FCE, México, 1978), Enroque (FCE, México, 1986), Mansalva (SEP, México, 1987), Erdera (FCE, Ciudad de México, 2005), De marras (FCE, Ciudad de México, 2016).